El Reino Olvidado

Este diario es la crónica de un país olvidado, el seguimiento de su huella histórica, cultural y artística en España y en Europa.

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ex gente susarrorum

lunes, mayo 15, 2006

Etnogénesis de los pueblos de la Península Ibérica

Para estudiar cuándo y cómo surge la etnicidad en el proceso histórico “es necesario adoptar una perspectiva histórica. Sólo así se podrá descubrir cómo se configuran las etnias, sobre qué bases, qué papel juega la auto-conciencia en la reproducción social y por qué se utilizó. A todo ese proceso es a lo que puede denominarse etnogénesis, concepto que supone la crisis de identidad de unas comunidades con la disolución de agregaciones étnicas precedentes, el llamado substrato étnico, que da lugar a la formación de otras nuevas o, incluso, de una más amplia. Además, los procesos de etnogénesis traslucen cambios como consecuencia de distintas situaciones ambientales, socio-económicas y políticas, así como del grado de contacto de una entidades étnicas con otras, hecho particularmente evidente en la Península Ibérica […] El problema esencial es analizar los hallazgos de cultura material, las fuentes clásicas y los nuevos datos lingüísticos para poder explicar los procesos de formación étnica y definir las costumbres, ideología y organización social de los pueblos prerromanos en un cuadro que presenta amplias variaciones geográficas y continuas transformaciones estructurales.” (ALMAGRO-GORBEA, Martín, RUIZ ZAPATERO, Gonzalo, Paleoetnología de la Península Ibérica. Reflexiones y perspectivas de futuro).

Los periodos del Bronce Final y de la Edad de Hierro representan el final de la Prehistoria y la transición a la Historia Antigua ya que coincide con la aparición de los primeros textos escrito y es cuando encontramos a la Península Ibérica, en el confín del mundo antiguo, sometida a tres diferentes corrientes culturales que tuvieron como consecuencia la definición de los distintos pueblos prerromanos a partir de sus sustrato indígena de la Edad de Bronce.

INFLUENCIAS

Influjo atlántico. Desde Portugal hasta el occidente de Francia y las Islas Británicas. Consecuencia de contactos comerciales realizados en esta zona durante la Edad de Bronce y que progresivamente se irán amortiguando.

Influjo centroeuropeo. Puede relacionarse, con problemas, con los pueblos celtas de los que tenemos noticias en la Antigüedad y que penetra en la península a través de los Pirineos. Con mayor seguridad puede considerarse la expansión de la Cultura de Campos de Urnas, originaria de la Europa Central, y extendida por todo el NE peninsular. Este influjo se intensificará progresivamente hasta la conquista romana.

Influjo mediterráneo. Consecuencia de los contactos con los pueblos colonizadores procedentes del Mediterráneo: fenicios, griegos, púnicos y romanos. Contribuyeron decisivamente a la difusión de la cultura urbana.


DEFINICIÓN DE ÁREAS

Así, en el sur de la península se formó Tartessos por contacto con los pueblos coloniales constituyendo el foco cultural más importante a inicios del I milenio. Dio origen a la cultura turdetana en Andalucía Occidental y mantuvo importantes contactos comerciales con el área atlántica desarrollados a través del corredor de comunicaciones sobre el que los romanos crearon la Vía de la Plata. Al difundirse por la Andalucía Oriental y Levante hasta los Pirineos, junto con influencias griegas dio lugar a la Cultura Ibérica.

La Cultura de Campos de Urnas atraviesa los Pirineos, difundiéndose por el Noreste de la península (Cataluña, Bajo Aragón y Norte de Valencia). Trae consigo nuevos ritos funerarios y nueva forma de organización social, probablemente de tipo gentilicio.

La Cultura Ibérica, a su vez, influyó en la región del Sistema Ibérico y Este de la Meseta (Castilla), de forma que el sustrato de Campos de Urnas de sus gentes se iberizó durante la Segunda Edad de Hierro y la resultante se denominó Celtiberia. En torno al siglo VI a.C. aparecen en esta zona jerarquías guerreras que se entierran con armas en necrópolis de incineración, percibiéndose así influjos de los Campos de Urnas del Noreste peninsular. Su desarrollo hacia la vida urbana fue más lento que en la zona íbera. Fueron identificados por los romanos como celtíberos, habitaron en castros controlando pequeños territorios circundantes explotados de forma comunitaria, con una estructura socioeconómica ganadera y guerrera con una organización gentilicia y clientelar que les daba una gran fuerza expansiva, presionando sobre las regiones del Norte y Occidente peninsular, con las que compartía un sustrato afín indoeuropeo. La conquista romana aceleró la tendencia a aglutinarse en oppida, centros fortificados de un amplio territorio jerarquizado.

La Meseta actúa como receptora y difusora de influencias, distinguiéndose una región oriental, kárstica y sedimentaria, abierta a influencias mediterráneas, de otra occidental, que participa de influencias atlánticas.

Los celtíberos propiamente dicho son los arévacos, pelendones, belos, titos y lusones, aunque este nombre fue extendido también a vacceos, vettones y carpetanos debido a la fuerte influencia celtiberizadora que experimentaron. A pesar de ello, los vacceos consiguieron mantener una economía agraria de tipo comunal, pervivencia de una organización socio-agraria previa.

Vettones y Lusitanos tenían una estructura pastoril muy primitiva, con castros fortificados y grupos de guerreros dedicados al pillaje, y ofrecieron una gran resistencia a Roma.

Las regiones occidentales y septentrionales (Galicia, Asturias, León, Cantabria y Portugal) eran las más alejadas de las influencias urbanizadoras centroeuropeas y mediterráneas. El Occidente peninsular (Galicia, Asturias y León), además, participaba del área atlántica europea debido a su riqueza en metales (oro, estaño y cobre) mientras que la zona pirenaica occidental conservó su sustrato preindoeuropeo. Entre los siglos X y VIII a.C. aparecen asentamientos en altura con defensas naturales o artificiales que controlan lugares estratégicos relacionados con redes comerciales de metal, algunos de los cuales desaparece con el declive de los contactos comerciales atlánticos y otros se mantienen durante la Edad de Hierro, realizándose así la transición a los castros. El hábitat indica una economía de subsistencia. El carácter esencial de la Cultura Castreña del Noroeste es que continuó enraizada en el Bronce Atlántico hasta plena romanización, adoptando progresivamente el hierro y otras innovaciones tecnológicas. La zona atlántica se caracteriza por depósitos de bronce, tesoros. No hay ruptura entre la Edad de Bronce y la de Hierro si bien se observan crecientes influjos celtíbéricos interrumpidos con la llegada de los romanos.

Galaicos y Ástures mantenían estructuras socio-culturales muy primitivas, propias de la Edad de Bronce, basadas en comunidades organizadas en pequeñas aldeas fortificadas o "castros", mientras que los Cántabros parecen reflejar un nivel cultural aun menos desarrollado y próximo al de las áreas pirenaicas. La sociedad estaba organizada en grupos de edad existiendo ritos de iniciación. Las mujeres se dedicaban al campo y a la casa, mientras que los hombres lo hacían a la ganadería y el pillaje. Su dominación por parte de los romanos fue tardía. Muchos de estos rasgos culturales han sobrevivido en la actualidad y muy especialmente en León: matriarcado, sociedades de mozos, explotación y propiedad comunal, estructuras de producción adaptados a un sistema de supervivencia, fuerte comarcalización, etc.

La Cornisa Cantábrica constituye un área marginal durante el apogeo de las relaciones atlánticas del Bronce Final, lo cual explicaría la falta de elementos culturales y vestigios de asentamientos estables hasta la romanización. Las formas de vida se basan en sistemas de pastoreo y agricultura primitivas. Esta situación se acentúa en las regiones pirenaicas, relacionándose su parte occidental con el posteriormente denominado mundo vasco, mientras que las centrales y orientales son próximas al mundo ibérico. Este núcleo montañoso permaneció marginado por carecer de interés para Roma, e incluso su cristianización fue tardía, permitiendo que su personalidad cultural alcance nuestros días.


LA ROMANIZACIÓN

La romanización supuso la culminación del proceso de mediterranización, de extensión de las formas de vida urbanas. Supuso además su inclusión en un marco económico, social y político integrándose Hispania en el Imperio Romano. La cultura romana, especialmente el latín y el derecho, se fueron imponiendo a las lenguas y derechos locales preexistentes. El territorio se organizó en ciudades interconectadas por vías de comunicaciones, conventos y provincias.

LA CUESTIÓN CÉLTICA

El celtismo jugo una base importantísima en la creación de mitos románticos generadores de entidades nacionales. Comenzó a utilizarse por los eruditos de los siglos XVII y XVIII, por los escritores románticos y por los ideólogos del siglo XIX que consideraban a los celtas como los gloriosos antepasados de sus naciones. Lo “celta” tiene las siguientes acepciones:

1.- Pueblos denominados así por lo autores greco-romanos.
2.- Pueblos que se llaman celtas así mismos.
3.- Grupo lingüístico definido por lo autores modernos.
4.- Complejo arqueológico de la II Edad del Hierro en la Europa Centro-Occidental: cultura de la Tené.
5.- Estilo artístico de la II Edad del Hierro.
6.- “espíritu céltico”, supuestamente reconocible a partir de rasgos atribuidos por los autores clásicos a los pueblos celtas como independencia, heroísmo, belicosidad...
7.- Arte irlandés del I a. C. 8.- Valores actuales de la sociedad occidental, supuestamente heredados de la “herencia céltica”

Sin embargo, es a través de la lingüística, las fuentes clásicas y la arqueología como se pretende conocer su naturaleza. Hoy se define como “celtas”, en sentido estricto, a los pueblos asentados en los territorios centro-occidentales europeos, al norte de los Alpes, entre el VI y el I a.C. Celtas serían así las gentes de la cultura de La Tène, y esta consideración alude a la identidad lingüística y cultural de esas gentes, dejando de lado, por desconocida, su filiación étnica. La Tène procede de la de Hallstatt, que surge de los Campos de Urnas, que a su vez remontaría a la más antigua de los Túmulos.

En lo relativo a la península ibérica, encontramos rasgos culturales correspondientes a un pueblo de cultura indoeuropea arcaica en el centro y occidente peninsular. Entre sus rasgos lingüisticos encontramos su principal exponente en la lengua lusitana o lusitana-galaica, en el área de las creencias en la inclinación al santuario rupestre, teonomia arcaica, saunas iniciáticas,… en el poblamiento y sociedad en el núcleo castreño, economía pastoril, práctica del abigeato, fratías, división por grupos de edad, explotación comunal,…Este sustrato facilitaría la celtización desarrollada posteriormente por los celtíberos.

Paralelamente a ese indoeuropeo arcaico se detecta la avenida de pequeños grupos indoeuropeos a través de los Pirineos orientales extendiendose por el valle del Ebro y por algunas zonas de la meseta: la cultura de Campos de Urnas, que en el otro lado de los Pirineos constituyo el precedente de la cultura céltica. Serán los celtíberos los encargados de la celtización cultural, no lingüística del área indoeuropea peninsular: lusones, vacceos, turmogos, pelendones, berones, vettones, en mayor grado; y en menor grado, lusitanos, galaicos, ástures, etc.

Desde el punto de vista lingüístico, la condición de celta en la península corresponde en exclusiva al grupo celtibérico.Los cántabros, ástures y galaicos son los pueblos menos celtizados del área indoeuropea, en todo caso fue escasa y tardía como lo demuestra el apego a tradiciones precélticas: vivienda redonda, sistema social, economía,…

2 Comments:

Blogger Coronel Kurtz said...

Buenísimo trabajo y muy bien documentado.Enhorabuena por el Blog.
Puxa'l País Llïonés !

11:07 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Buen trabajo

12:11 a. m.  

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