El Reino Olvidado

Este diario es la crónica de un país olvidado, el seguimiento de su huella histórica, cultural y artística en España y en Europa.

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ex gente susarrorum

lunes, agosto 10, 2009

O Bierzo

ANTONIO FERNÁNDEZ Y MORALES, "Ensayos Poéticos en dialecto Berciano", del Bierzo provincia de León. León. siglo XIX.. Año 1861.)

No mesmo medio d'o jardin berciano.
Onde situada estuvo a populosa
Bérgidum Flavium q'o poder romano
Non pudo defender d'a belicosa
Gente Goda; nun val que rega ufano
O Cua, e pé d'o Castro d'a Ventosa,
Veise unha villa d'o jardin delicia,
Porta de flores d'a feraz Galicia.
Os Romanos, fugindo, os pueblos todos
Destruiron y a villa logo alzaron
Sobre as ruinas de Bérgidum os Godos.
Dicen outros q' a Bérgidum queimaron
D' orden d' un rey, porque de malos modos
Os veciños contra él se revelaron
E que solo salvóu a Judería
Qu' é a mesma villa que subsiste hoy dia.
Piramidais medeiros d' herva e palla
D'os campeliños e d'o campo todo
Un pueblo novo fain n'a sega e malla,
D' un muy vistoso campamento á modo.
O mesmo a moza ailí na mies traballa
Q' o robusto rapaz; e decir podo
Q' as mozas baixan y erguen os seus mallos
O mesmo que si foran de bangallos
Regan o campo as presas d'os muhiños
E baña a villa un rio que, por teito,
Guirnaldas ten d' humeiros, sangubiños,
Agavanzos, salgueiros y algun fieito.
Resvala seus cachóis cristaliños
D' arenas d' oro por un blando leito
Onde nadan os peixes, corren muitas
Anguías e brincan fóra d' agua as truitas.
Entre as devesas, en q' as yeguas corros,
Pra defenderse, fain, d' as dentelladas
D' os muitos lobos, y onde van d' os zorros
Fugindo as pobres lebres apuradas,
Xíbrian os estorniños,e cochorros;
Rulan as rolas, q' andan en bandadas,
Gorjea o pardillo á par d' os reiseñores,
Y as barburetas dan bicos n-as flores.
Frondosas veigas, hortos e cortiñas
Arrodeados de beiróis espesos;
Jardiños e ribeíras e campiñas
E soutos por serpentes d' agua presos;
Arboledas, pradeiras, holgas, viñas,
E minas d' oro e plata a mais n-os tesos
Q' o Bierzo abarcan, sempre por tributos
A' a villa moitos dan bienes e frutos.

lunes, agosto 03, 2009

La Sociedad Familiar Leonesa: Ejemplo de Institución jurídica olvidada (y II)

JOSÉ PIÑEIRO MACEIRAS. Revista Argutorio nº 8, pp. 41-42

La Sociedad familiar, también denominada Compañía, adquiere una importancia bastante relevante en la colectividad rural de la Edad Moderna, e incluso en el siglo XIX, para decaer posteriormente en el siglo siguiente, cuyo porqué trataremos de exponer en el presente trabajo que constituye un todo homogéneo con el artículo publicado en esta misma revista en enero de 2001.


La transcendencia de esta Compañía se aprecia sin dificultad en la comarca del Bierzo, merced -sobre todo- al estudio reciente de Olivier Soto, donde se advierte el carácter vertebrador de tinte familiar que dicha sociedad detentaba en el oeste berciano durante gran parte del siglo XVIII.
El siglo XIX significó para la Compañía su reconocimiento científico, así como su reflejo en el derecho positivo. En relación con el primer aspecto, resaltar que la sociedad familiar fue declarada «de gran utilidad» en el Congreso agrícola celebrado en Santiago de Compostela en el año 1865, evento que fue presidido por el conocido jurisconsulto y ministro, don Eugenio Montero Ríos; poco tiempo después, en el Congreso jurídico español de 1886, obtuvo 346 votos frente a 31, lo que implicó en la praxis su reconocimiento académico, aunque en el ámbito jurisprudencial hubo que esperar hasta la sentencia de 26 de octubre de 1904 (de la Audiencia de La Coruña) fecha en la que se admitió judicialmente «la antiquísima costumbre de establecer compañías generales de ganancias».
A partir de entonces, la mayoría de la doctrina científica viene reconociendo la vitalidad e interés práctico de dicha compañía. Así, otro ministro y jurista no menos famoso, concretamente don Manuel Alonso Martínez, que puede vanagloriarse de ser uno de los padres de nuestro Código Civil, propuso que dicho Código fuere dotado de la elasticidad adecuada para que pudiese albergar en su articulado la mencionada asociación; incluso varios autores propugnaron por aquellos años la idea de que tal figura societaria se hiciese extensiva a toda España, circunstancia que nunca se llevó a cabo. Sin embargo, el legislador portugués de 1867, sí consideró conveniente recoger esta figura tradicional e insertarla en el Código Civil de Portugal, suponiendo -a la postre- el primer ejemplo de incorporación de este tipo societario al Ordenamiento positivo peninsular.
Así las cosas, y mientras se discutían o se elaboraban en España sendos proyectos sobre esta institución foral y sus correspondientes efectos, pasó el tiempo, aunque no el interés por esta Institución; parecerá un contrasentido, pero durante los violentos y convulsionados años treinta se publicaron en nuestro país dos normas totalmente antagónicas, aunque curiosamente coincidentes en la necesidad de potenciar los Patrimonios familiares, y por tanto la Compañía familiar: la Constitución de 1931 (en su artículo 47) y el Fuero del Trabajo de 1938 (en su Declaración 12a).
Poco tiempo después, en la década de 1940, la Compañía todavía tenía una implantación respetable en el oeste y suroeste del Bierzo' , donde se configuraba como el prototipo de la tradicional compañía gallega o asturiana, es decir con una mejora adicional tácita a favor del petrucio o «herdeiro» que implicaba «a millora de tercio e quinto» (siete quinceavas partes del acerbo hereditario, frente al escueto tercio que otorga simplemente el artículo 823 del Código Civil).
Veinte años más tarde, se publica -como ha quedado expuesto en Argutorio- la Compilación del Derecho Civil de Galicia, donde se reconoce la facultad de varias comarcas de nuestra provincia para regirse por las disposiciones de dicho texto legal, en cuanto se tratase de materia de sociedad familiar. Precisar el alcance territorial de dicha normativa en nuestra provincia, resulta hoy en día una tarea complicadísima, habida cuenta del abandono generalizado que han tenido que soportar nuestros núcleos rurales durante los últimos 45 años y que imposibilita delimitar con rigurosidad los lindes de dicha institución jurídica.
No obstante, no sería difícil reconocer que su influencia puede abarcar gran parte del Bierzo rural, teniendo presente que el investigador de Bembibre, don Manuel I. Olano(2), ha comprobado su existencia documental (durante la Edad Moderna) en territorio del Alto Bierzo, lo que implicaría en definitiva la pervivencia de la Compañía desde Los Ancares hasta Los Montes de León. Otra comarca leonesa donde existió dicha figura societaria -y por ende con perfecto derecho a valerse en la actualidad de los beneficios de esta institución familiar- fue en la Montaña Central de nuestra provincia (antiguo Partido Judicial de La Vecilla) donde López Morán(3) certifica su existencia en el lejano 1900.
Creemos que los vecinos de estas dos zonas territoriales poseen potestad jurídica suficiente para seguir utilizando la regulación plasmada en la Ley 147/1963, de 2 de diciembre, titulada como «Compilación del Derecho Civil de Galicia»; en puridad, hoy sólo podría hablarse de Derecho civil leonés o asturiano, en relación con la susodicha ley de 1963, pues el Derecho Civil de Galicia se encuadra desde 1987 dentro de los límites

jurídicos marcados por el Parlamento de Galicia (véase la Ley 7/1987, de 10 de noviembre, o en la fecha presente la Ley 4/1995, de 24 de mayo) que derogaron la antigua Ley de 1963, por lo que respecta a la Comunidad Autónoma de Galicia, pero nunca en la superficie territorial que comprende las comarcas leonesas y asturianas donde tradicionalmente se han venido aplicando tanto el foro como la sociedad familiar (las leyes gallegas no son competentes para regular cuestiones que afectan al territorio de otras Comunidades Autónomas, como es el caso leonés o asturiano).
Demostrado el interés que tiene para nuestra provincia la subsistencia de esta figura jurídica, pensamos que debemos exponer las líneas fundamentales de la misma, a tenor de la Ley de 1963. Sin embargo, hemos de precisar que una figura jurídica como ésta, que ha sido moldeada por el derecho consuetudinario, siempre tendrá detractores, y más en los tiempos que corren donde se prefiere innovar a toda costa, sin tener presente la tradición ni siquiera el sentido común. Es cierto que esta institución apenas se utiliza en nuestros días, pero ello no es consecuencia de que la misma haya cumplido definitivamente su función o ciclo social, ni mucho menos. Lo que ha ocurrido es un factor harto diferente y que parece perfectamente comprensible: las zonas de nuestra geografía provincial donde tradicionalmente imperó esta figura societaria han sufrido en los últimos ochenta años la avalancha de la vorágine industrial, motivada sobre todo por la minería del carbón. Ello ha supuesto que las formas tradicionales de vida se fueran relajando, optando la sociedad por un nuevo modus vivendi: el hacinamiento en los centros urbanos en detrimento de la vida campesina.
Ahora bien, esta coyuntura de gigantismo industrial toca a su fin por razones que no vienen al caso, provocando a la postre que puedan recobrar su papel hegemónico aquellos modos de vida seculares, como pudiera ser el caso de la sociedad familiar, que aún pueden resultar útiles para la colectividad. De hecho esta figura jurídica todavía juega un papel relevante en el actual derecho gallego y fórmulas familiares similares a la nuestra subsisten hoy en día en el derecho civil aragonés, navarro o catalán(4) , verbigracia.

Dicho lo anterior, pasemos a analizar concisamente la regulación que de esta institución realiza la ley de 1963; significar que es el único texto legal que estructura jurídicamente la sociedad familiar en las comarcas antes mencionadas y que su contenido es apenas conocido.
Se constituye esta forma social entre labradores ligados con vínculos de parentesco que persigan vivir en comunidad y explotar al unísono tierras o «lugar acasarado»(5). Es obligación que dicha sociedad se refleje por escrito, no siendo imprescindible que se perfeccione en documento público. No obstante, cuando un labrador «case para casa»(6) a un pariente, se entenderá constituida tácitamente la Compañía agraria al objeto de percibir conjuntamente los frutos de la explotación agro-ganadera, una vez rebajados los gastos inherentes (en el derecho portugués se exigía que los interesados hubieran vivido en comunidad más de un año).
Según la Ley de 1963 son bienes sociales (es decir de todos los partícipes) los siguientes: los aportados por los socios; los frutos y demás rentas e intereses, procedentes de los bienes comunes; y las edificaciones, plantaciones y mejoras hechas en los referidos bienes sociales.
Por su parte, se consideran cargas de la Compañía los siguientes conceptos: los gastos de manutención, vestido, instrucción, asistencia médica y enterramientos (tanto de los partícipes como de las personas constituidas bajo su potestad); los gastos de administración, cultivo, contribuciones, impuestos y otros similares (como los seguros); las deudas contraídas en interés de la Compañía; las reparaciones y mejoras de los bienes sociales; y por último, los gastos derivados de juicios o pleitos.
La administración de la Sociedad Familiar corresponde a la persona elegida en el contrato social, en su defecto el cargo de administrador lo ejercerá el «Petrucio» (en el Bierzo solía recaer en el primogénito varón, aunque dependiendo de la circunstancias también podían ser elegidas las mujeres).

proporcionalmente de dichas cantidades; el remanente líquido del caudal constituye el quántum de la sociedad y se repartirá por tanto entre los miembros de la compañía y sus derecho-habientes.
Y como colofón a este artículo, quisiéramos que esta figura de nuestro derecho autóctono no se hunda para siempre en el olvido, permitiendo a la sociedad leonesa que pueda seguir beneficiándose de sus virtudes (que no son pocas). Para ello parecería muy oportuno que la Junta de Castilla y León asumiese por fin las competencias que la Constitución le ha reservado en sede de Derecho foral(7), circunstancia que permitiría definitivamente vivificar esta institución tan secular, adaptándola a las necesidades del siglo XXI.

Bibliografía.-

CASTÁN TOBEÑAS, J. (1978): Derecho Civil Español, Común y Foral, Reus,S.A., Tomo I, Volumen 1°, Madrid.
GIBERT, R. (1975): Elementos formativos del Derecho en Europa. Germánico, Románico, Canónico, Hijos de Francisco Román, Granada.
VILAREYO Y VILLAMIL, X. (1997): «El derechu civil asturianu», Lletres Asturianes, n° 64, Oviedo, páginas 85 y siguientes.
CASTÁN TOBEÑAS, J.(1982): Derecho Civil Español, Común y Foral, Reus, S.A., Tomo II, Volumen 1°, Madrid.
DE VALDEAVELLANO, L. G. (1977): Curso de
Historia de las Instituciones españolas, Re-
vista de Occidente S.A., Madrid.
CASTÁN TOBEÑAS, J. (1993): Derecho Civil Español, Común y Foral, Reus S.A., Tomo IV, Madrid.
CARBALLAL ET ALTRES (1979):
Comentarios al Código Civil y Compilaciones Forales, Editorial Revista de Derecho Privado, Tomo XXXII, Madrid.
CÓDIGO CIVIL PORTUGUÉS DE 1867.
RODRÍGUEZ Y RODRÍGUEZ, M.
(1995): Etnografía, Folklore, Bierzo, Oeste-Suroeste, Peñalba Impresión S.L., Ponferrada.
LÓPEZ MORÁN, E.(1897): Derecho Consuetudinario leonés, Diputación Provincial de León (reedicción), León.
LEY 4/1995, DE 24 DE MAYO (Diario Oficial de Galicia, 6-VI1995)
SOTO ABELLA, 0.(2001): «La Somoza Medio Físico y Humano. Siglo XVIII», Estudios Bercianos, Ponferrada, n° 26, páginas 5-87.
DE FUENMAYOR CHAMPiN, A.(1948): «La mejora de labrar y poseer» Anuario de Derecho Civil», Madrid, páginas 878 y siguientes.
FONT Boix, V. (1961): «La mejora del tercio por acto intervivos», Revista de Derecho Notarial, n° XXXI, Madrid, páginas 351 y siguientes.
FERNÁNDEZ COSTALES, J. (1985): «Las Comunidades Autónomas y el Derecho Civil: Derecho Foral y Derecho consuetudinario leonés», Tierras de León, n° 64, Diputación Provincial de León, páginas 3 y siguientes.
COMPILACIONES DEL DERECHO CIVIL FORAL (2 tomos), Editorial Civitas S.A. Años 1976 y sucesivos, Madrid.
* José Piñeiro Maceiras es abogado.

(1) Véase la obra de Manuel Rodríguez y Rodríguez reflejada en la bibliografía aneja.
(2) Comunicación personal, año 2001.
(3) Consúltese la obra de López Morán incluida en el anejo bibliográfico.
(4) Ejemplos de instituciones similares en dichos territorios forales podrían ser: la sociedad familiar de conquistas, la sociedad rural, la asociación a compras y mejoras, etc.
(5) El «lugar acasarado» comprende la casa de labor, edificios, dependencias y terrenos que aunque no sean colindantes forman una unidad orgánica que tradicionalmente se adjudicaba al herdeiro (en Galicia esto constituye el denominado derecho «de labrar y poseer») institución que Manuel Rodríguez también constató entre las costumbres del Bierzo Oeste; dicha institución no estaría aún derogada en esta comarca leonesa, a la luz de lo dispuesto en el artículo 2 , párrafo segundo de la Ley 147/1963, de 2 de diciembre.
(6) Por casar para casa se entiende la integración de un nuevo matrimonio en la vida comunitaria de un grupo familiar ya constituido: véase sentencia del Tribunal Supremo de 31 de enero de 1899.
(7) El artículo 149.1 regla 88, de la Constitución reconoce que el Estado tiene competencia exclusiva en materia de Legislación civil sin perjuicio de la conservación, modificación y desarrollo por las Comunidades Autónomas de los derechos civiles, forales o especiales allí donde existan».

miércoles, mayo 13, 2009

La Sociedad Familiar Leonesa. Ejemplo de institución jurídica olvidada (1)

JOSÉ PIÑEIRO MACEIRAS. REVISTA ARGUTORIO Nº 6

El 5 de diciembre de 1963 se publicaba en el Boletín Oficial del Estado. la denominada Compilación del Derecho Civil Especial de Galicia, texto jurídico que venia a cumplir - en parte- el deseo expresado allá por los inicios de 1880 de reunir y ordenar todo el Derecho foral de las diferentes regiones de nuestra patria. No existe una unanimidad doctrinal en lo que concierne al concepto de Derecho foral. A los efectos de facilitar al lector una idea general sobre el tema, podría decirse - aun con reservas- que el Derecho foral es aquel conjunto de normas escritas o no. que constituye el Derecho civil de una determinada área geográfica, por haber gozado de autonomía legislativa en el pasado o por haber contado con una normativa vigente y distinta de las instituciones reguladas por el actual Código civil a la fecha de su entrada en vigor.
El proceso de compilación fue enormemente lento: se redactaron en un primer momento unas memorias donde se recopilaba toda la esencia jurídica de los considerados territorios forales: Cataluña, Aragón, Mallorca, Vizcaya, Navarra y Galicia. Sorprendió la inclusión de esta última región en la lista de los mencionados espacios forales por carecer durante su historia de "autonomía legislativa", característica que a juicio de algunos autores era requisito imprescindible para poder acceder a la categoría de "región foral". No obstante, es necesario resaltar que Galicia sí ha dispuesto de órganos legislativos propios, aunque se desconozcan exactamente cuáles fueron. No en vano el territorio gallego constituyó, junto con Portugal y las regiones de Asturias y León, el primer reino independiente de la Península ibérica durante los siglos V y VI: la Gallaecia de los suevos, que es considerada como la más antigua formación política romano-germánica de Occidente(1).
La lista foral, antes citada, no incluía los territorios de León, Oviedo y Zamora, los cuales conservaban ciertas peculiaridades de derecho civil que diferían de las leyes aplicables con carácter general. La España no foral (2) se regía entonces por las reglas plasmadas en la Novísima Recopilación de Carlos IV, sin perjuicio del carácter supletorio de otros cuerpos legales, como pudiera ser el caso de la Nueva Recopilación o de las mismísimas Partidas; en 1889, toda esta legislación fue sustituida por el Código civil que como derecho civil común ha extendido su brazo de aplicación a gran parte de la Nación.
A partir del 24 de abril de 1899, se crean varias comisiones encargadas de elaborar sendos proyectos de ley, con el fin de publicarlos llamados "Apéndices forales", que pretendían reflejar el derecho civil regional que todavía se en  contraba vigente en las provincias forales, en contraposición con el derecho civil común que se aplicaba como antes hemos comentado en el resto del país. Aunque se completaron todos los trabajos propuestos, sólo llegó a promulgarse en 1925 el apéndice correspondiente al Derecho aragonés. Así las cosas, hubo que esperar hasta la celebración del Congreso de Zaragoza de 1946 (3) para volver a impulsar la codificación de la normativa foral española, proceso que vuel ve a reiniciarse mediante el Decreto de 1947 (4), y que culmina con éxito, al entrar en vigor las llamadas "Compilaciones de Derecho Foral": en 1959 se publica la de Vizcaya y Álava; en 1960 la de Cataluña; en 1961 la de Baleares... Y así sucesivamente hasta publicarse la Compilación del Derecho Civil. 
Como hemos indicado, León. Zamora y Asturias (5) no gozaron en un principio del privilegio de ser apreciadas como zonas con derecho propio y diferente (en pequeñas materias, ciertamente) del reflejado por el Código civil de 1889. Sin embargo, las Cortes españolas si se acordaron en 1963 del carácter foral de tales provincias al aprobar la citada Compilación del derecho gallego. Concretamente. el artículo 1 de la mencionada ley establecía - y establece- el siguiente principio en cuanto a su ámbito territorial:
"El Derecho Civil especial de Galicia se aplica en el ámbito que comprende la actual jurisdicción de la Audiencia Territorial de La Coruña. En aquellas comarcas de las provincias limítrofes de Oviedo, León y Zamora se aplicarán las disposiciones de los títulos I y II de esta Ley cuando se acredite la existencia y uso de las instituciones a que los mismos se refieren".
El citado titulo 1 recogía las figuras tradicionales "de los foros, subforos y otros gravámenes análogos" que han existido en nuestra tierra(6) hasta diciembre de 1973, fecha en que caduca por ministerio de la ley todo este conjunto de cargas y derechos, pues afectaban sobremanera al dominio útil de los bienes inmuebles durante un sinnúmero de generaciones, considerándose oportuno, por tanto, proceder a su extinción 
El titulo II, por el contrario, regula una institución societaria que, mientras no se acredite lo contrario, todavía sigue en vigor en ciertas zonas del noroeste español: la compañía familiar, también conocida en Asturias y León con el nombre de sociedad familiar.
Se configura esta compañia como una asociación de carácter parental, que pretende la explotación en forma colectiva de actividades económicas de naturaleza agraria. mediante la unión y cohesión de los miembros de una determinada familia.
Sus raíces son antiquisimas. Algún autor encuentra incluso paralelismos con la "sept" céltica que se caracterizaba por ser una colectividad constituida entre matrimonios de un mismo linaje y destinada fundamentalmente al aprovechamiento de la propiedad. En cambio, Castán opina que se trata más bien de una supervivencia de las sociedades tácitas agrícolas, las cuales fueron bastante frecuentes en la época medieval. Aunque este tratadista no descarta la posibilidad de que la compañía que estamos estudiando pudiera encamar el espíritu de las primitivas asociaciones familiares, que contribuyeron a través de la historia de los pueblos - incluido el romano- a la creación jurídica del contrato de sociedad. No se debe olvidar en este sentido que pueden encontrarse ejemplos asimilables a este tipo societario en el derecho consuetudinario aragonés, en el derecho ruso, así como también en las Tierras Altas de Escocia o en la propias comarcas del Jura y de la Bretaña francesa.
Por lo que atañe a la sociedad familiar de nuestro entorno, el origen más remoto podría fijarse. siguiendo a Vilareyo y Villamil, en las comunidades de los vacceos de la Tierra de Campos, descritas por Diodoro de Sicilia. Pero quizás parezca más segura la tesis mantenida por Carballal, en el sentido de atribuir la razón de ser de nuestra compañía familiar a la costumbre de los suevos(8) de convertir la casa y sus anexos (graneros, huertos, etc.) en propiedad exclusiva de la familia: de hecho, esta figura societaria todavía sobrevive en el noroeste peninsular (antiguo territorio suevo) habiéndose incluso incorporado al Código civil portugués.
•José Piñeiro Maceiras es licenciado en Derecho.





(1) No se conservan textos legales del derecho privado de los suevos, aunque si canónicos (los concilios de Braga). Sin embargo, se puede afirmar que varios siglos antes - en vida de Julio Cesar- este pueblo germánico ya se caracterizaba por la ausencia de la propiedad individual y la correcta constitución de su gobierno, circunstancia que nos hace pensar en la existencia de un estado fuerte, con normas jurídicas vigorosas, pero con un sistema de propiedad comunal que seria regulado en gran medida por el derecho consuetudinario. Ahora bien, si el término "autonomía legislativa" se circunscribe de manera exclusiva a la actividad jurídica generada por las Cortes, es indudable que se resienta la pretendida foralidad del derecho gallego por carecer en el pasado Galicia de tal institución, aunque si dispuso de Cortes el reino de León (en concreto desde el año 1188) y a pesar de ello las provincias de León y Zamora no fueron consideradas en el siglo XIX como territorios forales. Por lo demás, Galicia se constituyó en estado independiente durante el corto reinado de don García (siglo XI) y tampoco puede olvidarse la labor desarrollada en la Edad Moderna por la Real Audiencia del Reino de Galicia, al encargarse de todos los asuntos judiciales, militares, políticos y administrativos del denominado reino de Galicia.
(2) Resulta incorrecto, no atribuir al espacio territorial dominado por la Corona de Castilla la condición de foral, al menos desde una perspectiva histórica. Señalan algunos tratadistas al respecto (Castán y De los Mozos) que precisamente fue este territorio español el que perdió, como consecuencia de la unificación legislativa desarrollada en el siglo XIX, sus propias especialidades civiles: mayorazgos. fideicomisos, fiducia sucesoria, retracto gentilicio, etc.; apuntar, como curiosidad, que la institución del mayorazgo fue utilizada en la Maragatería hasta tiempos recientes.
(3) El conocido como Congreso Nacional de Derecho civil de 1946, se desarrolló en la capital aragonesa entre los días 3 y 9 de octubre.
(4) Véase el Decreto de 23 de mayo de 1947 y las Órdenes de 24 de junio y 23 de julio del mismo año.
(5) Aunque el Principado careció de Cortes propias, no debemos olvidar que fue Asturias el primer reino cristiano independiente de la España de la Reconquista, integrándose tiempo después en el reino de León que si poseyó el susodicho órgano legislativo. Además, la región asturiana dispuso en la Edad Moderna de una Junta General, que confeccionaba las llamadas Ordenanzas del Principado por las que se regulaban cienos aspectos de derecho público y de derecho privado. según comenta Vilareyo y Villamil en 1997. Significar, como contrapunto, que el territorio ocupado por las actuales provindas vascongadas nunca logró en su dilatada historia plena independencia legislativa y/o estatal, pues siempre perteneció -dependiendo de la época- bien a los reinos de Asturias, León y Castilla, bien al de Navarra o incluso al de Aragón. Pese a ello, estas provincias disponen en la actualidad de un Derecho foral bastante desarrollado (consúltese al respecto la Ley del Derecho Civil Foral del Pais Vasco, de 1 de julio de 1992)
(6) Varias han sido las huellas dejadas por el foro en nuestra geografía provincial. Podríamos citar, a titulo de ejemplo: las respuestas ofrecidas al interrogatorio del Catastro de la Ensenada por diversas poblaciones; las informaciones del magistrado don Luis Alonso Luengo. acerca de su existencia a finales del siglo XIX, en las proximidades del Puerto de Manzanal; así como la extensión al Principado de Asturias y a la denominada "Provincia del Bierzo" - a partir del 28 de junio de 1768- de los efectos derivados de la Real Provisión de 11 de mayo de 1763, por la que se suspendía provisionalmente los procedimientos de despojo de foros, produciendo como consecuencia la perpetuación de los mismos.
(7) Aunque hayan desaparecido los foros, subforos, cédulas de plantaduría, etc. que aún sobrevivían en 1963, ¿podrían estos derechos reales constituirse de nuevo? Cuestión bastante compleja de responder afirmativamente, pero desde un punto de vista hipotético no parecería imposible, en virtud del principio de autonomía de la voluntad: se regularían entonces por las normas de la enfiteusis y de los arrendamientos.
(8) Ejemplos de uniones colectivas de acusada naturaleza familiar fueron entre los germanos la "Marca" (asociación vecinal de carácter económico-agrario) y la "Sippe" (grupo de parientes constituido por los consanguíneos o por una comunidad de linaje) que poseía un significado eminentemente jurídico-público.

lunes, marzo 16, 2009

El león de España II

JUAN JOSÉ SÁNCHEZ BADIOLA. Revista Argutorio nº 17. Noviembre 2006

Vimos en el anterior capítulo cómo el león ocupó los sellos municipales de la capital legionense desde época temprana, y así lo reconoce Pedro I en 1364, cuando autoriza a su concejo a fabricarse un sello pequeño de una tabla «en que esté figura de un León», para sellar las «cartas mensageras», el cual se habría de sumar al grande de dos tablas que venía usándose por concesión de los «Reyes pasados»(1). Igualmente, comprobamos que, para entonces, el león había adquirido ya la condición de símbolo territorial del reino leonés, que mantendrá en lo sucesivo, como demuestran mapas e lustraciones(2). Su relevancia hace que, desde el siglo XV, las armas reales castellanas, luego españolas, lo tengan por soporte y cimera, sobre el castillo(3). Nada sabemos, sin embargo, de la existencia de banderas distintivas del mismo durante la Edad Media, más allá de las empleadas por sus soberanos.

CETROS Y BANDERAS

Hemos de precisar, en principio, que el uso de pabellones quedó restringido, lógicamente, a las coronas que disponían de flota propia, o bien, como en Aragón, a las capitales de sus estados costeros. En 1312, por ejemplo, Sancho I concede pabellón a la ciudad de Mallorca, que extiende a todo su reino. No fue éste, empero, el caso de León. Sus monarcas altomedievales usaron de algún tipo de banderas, pues las presuras más solemnes se hacían a toque de cuerno y con el albende de rege. Quizá continuasen la tradición de los estandartes cruciformes romanocristianos, con el paño purpúreo, que evoca el famoso himno de Venancio Fortunato: «Vexilla regis prodeunt:/ fulget crucis mysterium,/ (...) Arbor decora et fulgida/ ornata regis purpura...». O pudieron asemejarse a los pendones que retratan los Beatos de Escalada, Urgel y Fernando I: banderolas largas y agudas que cuelgan de una lanza, cual las describe el Cantar de Mío Cid: «Trezientas lanças son, todas tienen pendones»(4). El poema se refiere después a cómo en la guerra se ven tantos «pendones blancos salir vermejos en sangre», recurso tradicional para explicar el color rojo, de evidente significado bélico, y que sería frecuente en los emblemas de la época, a juzgar por la abundancia del gules en la heráldica hispana. A partir de Alfonso VI se documenta el vexillifer regis, luego alférez o signifer, pero su cometido debió de desempeñarlo anteriormente el armiger, que aparece en el Liber Testamentorum ovetense (c.1112) con las armas y el supuesto guión de Fruela II.
Con la plenitud del Medievo, las banderas ganan en variedad formal, que refleja Alfonso X en sus Partidas.
Muchas eran heráldicas, es decir, ocupaban el paño con las oportunas armerías, de manera que el rey leonés las llevaría blancas, con el león cárdeno, y el de Castilla rojas con el castillo dorado, hasta que Fernando III adopte el célebre cuartelado. De hecho, Pastoureau, tras analizar los sellos de la primera mitad del siglo XII, concluye que los signos heráldicos se incorporan antes a las banderas que a los escudos; primero diseños geométricos, luego muebles, en su mayor parte ya asociados al poder. Hemos llamado la atención acerca de la importancia de los cetros rematados en cabeza de león como signo regio leonés(5), y se ha establecido un paralelismo entre ellos y otros en forma de águila o flor de lis, éstos muy comunes, que pierden su carácter genérico para hacerse símbolos heráldicos de Alemania o Francia(6). En España, Fernando I se retrata en su Libro de Horas (c. 1055) con un cetro orando con la cabeza de un león, y el Emperador lleva el león a monedas, estandartes y armas, y su hijo Fernando, hacia 1159, al signo rodado.
Muchas enseñas plenomedievales estaban formadas por un paño liso, con frecuencia encarnado o blanco, en el que iban cruces e imágenes sagradas: San Isidoro en el Pendón de Baeza, la cruz en el de San Jorge aragonés, la Virgen con su Hijo en el pendón blanco que llevó Alfonso VIII a las Navas de Tolosa(7), y en el rojo que ilustra la Cantiga CLXXXI... Nada extraño, si tenemos en cuenta la utilización desde antiguo de reliquias a modo de estandartes, algunas tan famosas como el Mandylion bizantino o la Síndone. El propio Fernando III fue representado en un pendón de 1248, carmesí, con la bordura componada de castillos y leones. A lo largo de la Baja Edad Media, las representaciones heráldicas se hacen más complejas, aumentando el interés por los elementos exteriores al campo del escudo: yelmos, capelos, lambrequines, cimeras..., que alcanza su culmen en los albores de la Moderna. El emblema heráldico pasa a entenderse como un todo, incluidos los aditamentos, que cobran importancia como señales de diferenciación personal. Lo intrincado de las armas reales a partir de los Reyes Católicos y Carlos I, dificultó el uso de los estandartes heráldicos; y, aunque éstos no desaparecieron, se tendió cada vez más al empleo de telas de uno o varios colores, sobre las que se bordaban los escudos enteros, en vez de acomodar sus campos al soporte, llenándolo.
La diversidad cromática de los estandartes siguió siendo notable en la etapa moderna, acorde a la mayor complejidad de los ejércitos y al uso creciente de emblemas propios de cada cuerpo, incluyendo imágenes sagradas y efigies, combinadas con blasones y divisas. Arraigó el carmesí, no obstante, como color del pendón real, confundido posteriormente con el morado, que comienza a identificarse con Castilla. Ello se debió, en opinión de Fernández Duro y Cánovas del Castillo, a las tonalidades cárdenas que adopta la seda roja al envejecer, y al hecho de que el Regimiento de Castilla o Tercio de los Morados, creado en 1634, usase el morado en sus uniformes y en su estandarte, pese a que éste, en realidad carmesí, le fue dado por Olivares, cuyas armas lleva(8). Para ellos, el auténtico tinte del pendón fue rojo, derivado del campo del escudo castellano y del guión regio, con la banda engolada, en lo que, más tarde, insistirán Carretero, Represa, tras estudiar diversos estandartes municipales, y Cordero, que cita un verso de La Jerusalén conquistada, de Lope, que se refiere a «las rojas banderas de Castilla»(9). Mas creemos que el texto alude, no a la enseña del concreto reino castellano, olvidada ya en el Siglo de Oro, sino a la regia de toda la Corona.
En las ceremonias cortesanas de la época, como los funerales de Carlos I y otras comitivas, retratadas por Durero o los Doetechum, los títulos de la Monarquía, León entre ellos, son representados por simples banderas heráldicas.
Aun así, la idea del morado castellano había ya arraigado en el XVII: cuando Felipe IV entrega a su hijo Juan de Austria el gobierno de su Armada, en 1647, manda que la división del General lleve nombre de Castilla y bandera morada con el escudo real(10). En 1704, el Regimiento de Guardias Españolas recibe una bandera cárdena, «color de Castilla», y hacia 1725, se considera el púrpura «antigua divisa de Castilla» y pabellón de las armas reales(11). De éste afirma la Real Academia de la Historia, en 1868, que simboliza la soberanía nacional, y que su «color morado» proviene del pendón de Castilla, «y podría ser oportuno recuerdo de sus comunidades»(12). Con los Borbones, la enseña real será blanca, color «ordinario nacional» en 1748, pero Carlos III adopta la rojigualda para su Armada, en 1785, con objeto de distinguirla de las de otras naciones. Mas pervive el carmesí en pendones regios, municipales y castrenses, siendo denominado también «color nacional» en la Ordenanza militar de 1728.

PENDONES PARROQUIALES

Tradicionalmente se ha venido buscando el origen de los pendones parroquiales leoneses en los mesnaderos de reyes, nobles y concejos. No obstante, y pese a que la procedencia de estas insignias es militar, su adopción para encabezar las procesiones fue común a la Cristiandad y muy antigua. Los pendones parroquiales tuvieron una función exclusivamente litúrgica, y no sirvieron como emblemas locales, al ser todos semejantes entre sí, ni para soporte de armerías, pues las parroquias nunca constituyeron ayuntamientos, aunque la similitud formal permitiera situaciones como la que se dio en Puente-Castro, en 1701, cuando su párroco solicita al concejo leonés que, teniendo en cuenta la pobreza de su feligresía, le ceda «el guión de damasco biejo que tiene, no le haciendo precisa falta»(13).
Estaban formados por una tela larga, terminada en dos farpas y sujeta de un asta relativamente elevada, y su color más frecuente fue el carmesí. La jerarquía eclesiástica prefirió siempre el estandarte, tanto por remitir a los viejos lábaros y vexilla como por formar una cruz el mástil y el asta perpendicular a ella de la que pende el paño(14).
De cualquier modo, el pendón arraigó en la costumbre, permaneciendo su uso en muchos lugares, como León, donde evolucionó de forma un tanto particular, acaso por la abundancia de parroquias rurales. Aquí, los ejemplares más vetustos conservados, y aquellos de los que tenemos noticia documental, son casi todos carmesíes, como los de la Hermandad de la Sobarriba (1583), N.ª Señora del Camino (s. XVII), Santa Cristina de Valmadrigal (1601), Monzóndiga o Retuerto (1617)(15). También era carmesí el pendón de Vegaquemada, en 1740, si bien el de San Cristóbal de la Polantera, confeccionado en 1634, combinaba este color con el blanco(16). Por el contrario, fue grande la diversidad de esmaltes y combinaciones de ellos que se dio en los pendones pertenecientes a cofradías y hermandades, que solían llevar imágenes religiosas, presentes, asi mismo, en los parroquiales: el ya citado paño de Santa Cristina debía contar con «dos figuras Una en cada parte las quales an de ser de nuestra señora del rrosario y la otra de santa Cristina», y el de la Sobarriba, «con una figura de nra. señora y con la corona y llaves de Señor Sanct Pedro ». La elección de unos u otros colores pudo relacionarse con las respectivas advocaciones, aunque este extremo no siempre resulta claro. El blanco y el azul se vinculan en diversos lugares a devociones marianas, así como el negro y el morado lo hacen en otros al luto. A principios del XVII, las cofradías gallegas de San Roque de Muros y del Rosario encargan sus correspondientes pendones, el de la primera, blanco y carmesí, con las imágenes de su patrón y de San Sebastián; el de la segunda, carmesí, con cordones y borlas carmesíes «y de la otra color que salga bien que sea paisa con sus franjas», y las imágenes de N.ª Señora del Rosario y San Tirso, pintadas al óleo sobre tarjetas(17). Sin embargo, en Montemayor de Pililla (Valladolid), el pendón parroquial era colorado y el del Rosario azul; y en Maderuelo (Segovia), la iglesia y cofradía de la Vera Cruz tenía un pendón negro. Otro pendón de este color trajo la cofradía de San Íñigo de Calatayud, mientras que la lucense de San Froilán lo usaba azul, con las imágenes del santo y de la Virgen(18). El pendón de La Robla, de finales del XIX, era verde y carmesí, la combinación más común, aunque ha ido aumentando la diversidad cromática de las telas, al igual que su superficie y la altura de las varas, como fruto de la rivalidad entre aldeas. 

PENDONES MUNICIPALES

El regio paño carmesí terminó generalizándose también entre los pendones concejiles del realengo, cuya anterior variedad presumimos notable. Muchos serían heráldicos, como el que recibe Pamplona por el Privilegio de la Unión (1423), o el «pendón real con que se ganó Carmona (...) que tiene vn luzero en medio, por orla los castillos y leones e armas conosçidas de los reyes de Castilla»(19). El que usó Zamora, visible en su escudo, tenía ocho franjas encarnadas, las cuales, según sus cronistas menos fiables, conmemoraban las victorias de Viriato. Los Reyes Católicos le añadieron otra verde, en lo alto, agradecidos por la ayuda que los zamoranos les prestaron durante la batalla de Toro (1476). Valencia y otras ciudades de la Corona aragonesa traían la Senyera, por especial privilegio. En Huesca, F. Balaguer ha documentado en los siglos XIV y XV un estandarte blanco con la cruz de San Jorge y las armas de la ciudad, otro rojo, con dichas armas y la efigie de la Virgen, y el llamado «del Ángel Custodio». Barcelona usó un pendón carmesí con la imagen de su patrona, Santa Eulalia, acompañada de los blasones locales.
En origen, estos pendones tenían la misma función que los regios y señoriales: reunir y conducir las tropas concejiles en las acciones bélicas. En 1484, Isabel la Católica ordena al concejo de Carmona que envíe sus tropas, con el pendón de la villa, para socorrer Alhama y talar el reino nazarí, y todavía en 1500 manda a dicho concejo que acudan sus hombres, con el pendón, a luchar en la Alpujarra(20). Acciones similares hubo en Murcia contra moriscos y piratas. El fuero de Córdoba, sin embargo, disponía que no hubiese bandera concejil, y que las tropas de la ciudad fuesen bajo la del rey, salvo para los apellidos, cabalgadas y ayuntamientos, en los que podían tomar la que deseasen. Durante la Edad Moderna, no obstante, el principal cometido de los pendones fue encabezar las comitivas destinadas a proclamar nuevo rey —«alzar pendones »— o recibirlo cuando visitaba la correspondiente ciudad.
Ya en la coronación, como rey, de Alfonso VII, fue tremolado el pendón regio en la catedral de León, costumbre que se mantuvo hasta Juan I; a partir de él, comenzó a hacerse la proclamación en todas las ciudades y villas realengas, cobrando especial significado el pendón, al personificar al propio monarca(21). Durante la proclamación de Enrique III, en Sevilla, se paseó a caballo por la ciudad un pendón nuevo, tras haber sido rasgado el de su predecesor, en señal de luto. En la de Enrique IV, en el castillo de La Adrada, el alguacil dejó en el suelo el pendón con las armas del difunto rey, Juan II, y empuñó el de seda carmesí de su sucesor. La costumbre de hacer llantos por el rey muerto y alegrías por el nuevo, sustituyendo el pendón de aquél por el de éste, se documenta en Palencia en 1475(22). El concejo de Medina del Campo mandó hacer un pendón redondeado, de damasco rojo, para proclamar a Carlos II, aprovechando un escudo real «pequeño» del XVI.
Fue portado en la ceremonia por el Alférez Mayor, que lo recibió del Corregidor y, una vez concluida aquélla, lo entregó al cabildo de la Colegiata para su custodia. Con motivo de la proclamación de Fernando VI, el concejo pagó «zinco varas de damasco carmesí para azer el Real Pendón »(23). En Betanzos se usaba uno similar, con dos farpas, encargado para la proclamación de Fernando VI, que llevaba el escudo «pequeño» y el de la villa. Se sabe de otro anterior, que fue a Santiago, en 1520, para recibir a Carlos I, en nombre de la ciudad y su provincia. Era llevado por el Alférez Mayor o, en su defecto, por el Alguacil Mayor(24). La Coruña proclamó a Felipe IV con un «Pendón de damasco carmesí con las armas reales de la una parte, y en la otra, las de la çibdad»(25). El concejo de Santiago de Compostela manda hacer, en 1621, «dos escudos de armas reales dorados para el pendón de la ciudad», y el de Toledo usa por entonces un pendón carmesí con las armas reales(26). Durante la proclamación de Felipe III en Carmona, el Alférez Mayor usa el pendón heráldico con que se ganó la villa, que se guardaba en el archivo municipal. Para la de Carlos II, en cambio, se utilizó un pendón real que el Alférez custodiaba en su casa, de damasco carmesí con las armas de la ciudad(27). En Loja se gastaron cien ducados para un estandarte de terciopelo carmesí, bordado en oro con las armas reales, que había de usar el Alférez Mayor para proclamar a Fernando VI, al estar muy deteriorado el pendón con que habían conquistado la ciudad los Reyes Católicos(28). En Lima, Alférez Real y oidor, pendón en mano, proclaman a Felipe IV al grito de «¡Castilla, León, Pirú, por el rey nuestro señor...!»(29). En todo semejantes fueron ceremonias y pendones en Murcia, Requena, Guayaquil, Santiago de Chile, México, Arequipa o La Habana.
De las otras Coronas hispanas conocemos algunos ejemplos de proclamaciones, como la que se le hizo en Lisboa a Felipe II, según refiere Antonio de Escobar. El concejo lisboeta fue en comitiva por las calles, al grito de «Real, Real, Real, muy poderoso Rey don Phelipe, Rey de Portugal », portando dos pendones, uno de damasco carmesí, con las armas de Castilla por un lado y las quinas por el contrario, el cual «yva más preminente»; y el otro blanco, con las quinas y el escudo de la ciudad. En Barbastro, en 1746, hizo la proclamación el regidor decano, levantando el Real Pendón, al tiempo que gritaba tres veces: «Castilla y Aragón por nuestro rey y señor don Fernando VI de Castilla y III de Aragón, que Dios guarde». En algunas ciudades de la Corona aragonesa se usó la Senyera, pero también hubo pendones carmesíes, como los de Calpe y Orihuela, éste de 1732.
Volviendo a León, tenemos noticia de este ceremonial en 1504, con motivo de la proclamación de Juana I. Represa advierte la peculiaridad de que lo que se enarbola entonces «no es el “Pendón de las armas reales de castillos e leones”, sino el Pendón de la ciudad», de lo que deduce que éste era al mismo tiempo el del reino, y por ello, que en las proclamaciones leonesas se utilizaba en exclusiva, mas con la invocación: «Castilla, Castilla, Castilla, León», que le parece un «inteligente engarce de los dos Reinos, que no se excluyen mutuamente, porque (...) constituyen ya una Corona unida con casi 300 años»(30). Pero ya hemos visto cómo los pendones urbanos eran también reales, mientras que el apellido usual en las celebraciones leonesas fue bien otro: «León, León, León y todo su reino por el rey...»(31).
En cuanto a la materialidad de los pendones leoneses, desde 1701 hallamos referencias a ellos en las actas municipales, de las que se desprende que se hacía uno nuevo prácticamente para cada proclamación. En 1724, la ciudad adquiere, para la de Luis I, un pendón con las armas reales y las propias «de Damasco carmesí con flecos de hilo de plata y en el medio y a las puntas de uno y otro lado unos leones bordados de plata y oro sobre campo blanco, borlas de lo mismo y la hasta plateada, todo él muy lucido ». Otros pendones se confeccionaron para proclamar a Fernando VI, Carlos III y Carlos IV, este último «de rico damasco carmesí, con borlas y fleco de oro y plata adornado de seis tarjetas que en campo de raso liso se hallan bordadas de realce con oro, plata y seda seis leones, armas de esta muy noble ciudad»(32). Alguno de ellos será el que hoy usa la corporación, con el paño renovado, que lleva, al centro y en cada farpa, un escudo de la ciudad, barroco, de plata y oro, con la corona abierta habitual de las armas leonesas, salvo raros ejemplos con la real cerrada de cuatro diademas de los Austrias, o de ocho, usada por éstos y, más ampliamente, por los Borbones.

LA BANDERA DE LEÓN

Aunque hemos identificado el púrpura como primer color «nacional» de España y León, el carmesí se afirmó como paño de las enseñas regias y municipales en toda la Corona, sin que pueda justificarse su origen leonés, ni que fuera un color particular de la ciudad de León o de los territorios de que ésta era cabeza, como el reino o la antigua provincia, con los partidos de Oviedo, Ponferrada y León, éste dividido a veces en otros dos: Campos y Montañas de León(33). De la actual provincia no conocemos bandera hasta finales del XIX, con el escudo sobre fondo rojo(34), usual en los reposteros oficiales. En los años setenta, la institución provincial empleó un pendón rojo, con el escudo de León y, alrededor, los de sus partidos judiciales; y también una bandera blanca, con el león rojo en el centro.
La creación de una bandera leonesa fue fruto, como en otros lugares, de la combinación de regionalismo y eruditismo local. En un principio, se adaptó el pendón municipal o la bandera de la diputación, que vemos en algún acto durante los años veinte, y usa el Orfeón Leonés(35). Sin embargo, la actual enseña púrpura nació en julio de 1977, inspirada por Cordero del Campillo(36), y se basó en argumentos de muy desigual valor, algunos meras fábulas, como la atribución del escudo a Ordoño II, o la reinterpretación del paño carmesí como púrpura, y de este esmalte heráldico como el antiguo color imperial.
Ya Lapoulide sostuvo que el «Pendón leonés de los Reyes, indebidamente llamado de Castilla» era purpúreo en honor al león rampante(37). Esta creencia, nunca demostrada, dio pie a una curiosa paradoja: partiendo de un mismo modelo, en León triunfó la bandera púrpura, mientras en Castilla, la izquierda prefería la morada, Represa la carmesí, y la Junta la cuartelada, de honda raigambre histórica, pero común a toda la vieja Corona.
En cualquier caso, gustó la enseña púrpura, difundida por el Grupo Autonómico Leonés y demás asociaciones leonesistas38 , excepto la minoritaria Organización de Jóvenes Leoneses (1979), que usó otra diferente de las banderas provincial y local, con dos franjas, blanca y violeta, esmaltes del escudo, conforme al procedimiento vexilológico que alumbró numerosas banderas(39): Alemania, Baviera, Bélgica, Polonia... El paño púrpura fue adoptado también por la Diputación y el Ayuntamiento de León, en un proceso similar al que dio a luz la bandera del mismo color de Gibraltar-San Roque40 , la «roja Cartagena» de Murcia, o la morada de tantas diputaciones y municipalidades castellanas.

IMÁGENES
1.- León, 23 de abril de 1996. Manifestación leonesista en la que aparece en primer término la bandera Dixebriega. Fotografía tomada de Diario de León, 24 de abril de 1996
2.- Portada de El León de España, ed. facsímil de la Diputación, León, 1982.

REFERENCIAS

1 M. RISCO, Historia de la ciudad y corte de León y de sus reyes, Madrid, 1792, pp. 108-109.
2 J. J. SÁNCHEZ BADIOLA, «La heráldica provincial en la España de los Austrias», XXIII Ruta c. del románico internacional, Pontevedra, 2005, pp. 232-238.
3 I. VICENTE CASCANTE, Heráldica general y fuentes de las armas de España, Barcelona, 1956, pp. 588-589.
4 A. REPRESA, El pendón real de Castilla y otras consideraciones sobre el reino, Valladolid, 1983, pp. 9-10.
5 J. J. SÁNCHEZ BADIOLA, Las armas del reino, León, 1995, p. 115.
6 F. MENÉNDEZ-PIDAL et alii, Símbolos de España, Madrid, 1999, p. 48. Hay que rechazar, no obstante, errores como el de M. CASTELLÁ FERRER, Historia del apóstol de Iesús Christo Sanctiago Zebedeo Patrón y capitán general de las Españas, Madrid, 1610, p. 342, que vio en los relieves de Santa María del Naranco leones heráldicos, «armas del mismo santo Rey don Ranimiro Primero».
7 J. GONZÁLEZ, El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII, Madrid, 1960, I, p. 243.
8 C. FERNÁNDEZ DURO, Tradiciones infundadas..., Madrid, 1888. A. CÁNOVAS DEL CASTILLO, La escarapela roja y las banderas y divisas usadas en España, Madrid, 1912. J. J. SÁNCHEZ BADIOLA, «Bandera y armas del Reino de León», Diario de León, 30 de agosto de 1985 [s. p.].
9 A. CARRETERO, La personalidad de Castilla en el conjunto de los pueblos de España, 3ª ed., San Sebastián, 1977, p. 99. A. REPRESA, op. cit., p. 37. M. CORDERO DEL CAMPILLO, Crónica de un compromiso. Los años de la transición política en León, León, 1988, p. 460.
10 Museo Naval, ms. 1238, doc. 13, cap. I, ff. 89-90. Cf. H. O’DONNELL et alii, Símbolos de España, Madrid, 1999, p. 245.
11 MARQUÉS DE AVILÉS, Ciencia Heroyca, 2ª ed., Madrid, 1780, II,
p. 172. A. MANZANO LAHOZ, Las banderas históricas del ejército español, Madrid, 1996. L. SORANDO MUZÁS, Banderas, estandartes y trofeos del Museo del Ejército, 1700-1843. Catálogo razonado, Madrid, 2001.
12 Informe publicado en BRAH, 4 (1884), pp. 186-191.
13 J. J. SÁNCHEZ BADIOLA, A. VALDERAS, El pendón leonés: su uso, origen y significado, I Premio del Concurso de Trabajos Históricos «Fray Bernardino de Sahagún» (CSIC), 1985, n. p., ap. III/1.
14 Rituale Romanum.., Ratisbona-Roma, 1913, nº 5, p. 263.
15 A. ÁLVAREZ, La Virgen del Camino en León, Madrid, 1969, p. 145. A. BARREÑADA, «Regla, ordenanzas y constitución para la procesión del día de San Isidoro», http://users.servicios.retecal.es/barrennada/ procesio.pdf. Anónimo, «Asuntos leoneses. Documentos para el estudio del arte en León durante el siglo XVI», La Crónica de León, 21 de marzo de 1925, p. 4. J. L. FLECNIAKOSCA, «Artistas y artesanos leoneses de antaño», Archivos Leoneses, 23 (1958), pp. 52-69, pp. 60-61.
16 M.ª J. GUTIÉRREZ GONZÁLEZ, «La conservación de los bienes muebles de interés etnográfico», La conservación del patrimonio cultural en León, León, 1999, pp. 149-153.
17 A. GOY DIZ, A actividade artística en Santiago, 1600-1648, vol. II, Santiago de Compostela, 1998, pp. 34 y 41.
18 B. DAMETO, F. J. LORENZO, J. M.ª SÁNCHEZ MOLLEDO, Historia de San Íñigo, abad del Real Monasterio de San Salvador de Oña, Calatayud, 2000. R. RODRÍGUEZ VIEITO, Ferias y fiestas de San Froilán, Lugo, 2002.
19 A. LERÍA, «Proclamación y jura reales. El caso de Carmona», Carel, 2 (2004), pp. 591-666.
20 VV. AA. Documentos para la historia de Carmona en la época de los Reyes Católicos, Carmona, 2004, docs. 19 y 26.
21 A. REPRESA, op. cit., pp. 27-28.
22 M.ª J. FUENTE, Finanzas y ciudades. El tránsito del siglo XV al XVI, Madrid, 1992, p. 42.
23 En http://www.museoferias.net/mayo2005.htm.
24 J. R. NÚÑEZ-VARELA, «El pendón de la ciudad», Betanzos e a súa comarca, diciembre 2002-marzo 2003, p. 30.
25 A. REPRESA, op. cit., p. 34.
26 A. GOY DIZ, op. cit., p. 349. F. J. ARANDA, Poder municipal y oligarquías urbanas en Toledo, Madrid, 1992, pp. 141-144.
27 A. LERÍA, op. cit., pp. 591-666.
28 R. DEL ROSAL, F. DERQUI DEL ROSAL, Noticias históricas de la ciudad de Loja, Loja, 1957.
29 A. OSORIO, El rey en Lima. El simulacro real y el ejercicio del poder en la Lima del diecisiete, Lima, 2004, p. 32.
30 A. REPRESA, op. cit., p. 35.
31 F. CABEZA DE VACA QUIÑONES Y GUZMÁN, Resumen de las políticas ceremonias, con que se govierna la noble, leal, y antigua ciudad de Leon, cabeza de su reyno, Valladolid, 1693; 4ª ed. León, 1935, pp. 109-110.
32 J. J. SÁNCHEZ BADIOLA, A. VALDERAS, op. cit., ap. III/1.
33 Archivo Histórico Municipal de León, Actas, varios años.
34 A. VALDERAS, Los pendones leoneses: pasado y presente, León, 1991, p. 10.
35 El siglo de León. Crónica de cien años, 1901-2000, León, 2001, I, p. 129.
36 M. CORDERO DEL CAMPILLO, op. cit., pp. 457-464.
37 J. LAPOULIDE, Diccionario gráfico de arte y oficios artísticos, 4ª ed., amp. y rev., Barcelona, 1963, vol. III, p. 121. L. HERRERO RUBINAT, Sentimiento de región, León, 1994, pp. 54-55.
38 D. DÍEZ LLAMAS, Proceso autonómico leonés, León, 1982, p. 46.
39 Hacia 1994-96 surge en medios nacionalistas la llamada Dixebriega, que añade a la bandera púrpura una gran estrella amarilla de cinco puntas, sobre la que va el escudo. Agradecemos la información a Juan Miguel Álvarez.
40 F. MARTÍNEZ LLORENTE, «El escudo de la Ciudad y Reino de Gibraltar: ¿una reforma adecuada?», Banderas. Boletín de la SEV, 97 (diciembre 2005), pp. 11-23, lo interpreta como «tafetán púrpura», por ser éste el color del pendón real.

martes, marzo 03, 2009

El león de España I

JUAN JOSÉ SÁNCHEZ BADIOLA. Revista Argutorio nº 16. Noviembre 2006

Existen animales cuya imagen se ha acabado convirtiendo con el devenir de la historia en símbolo de algún país. Para que esto suceda es necesario habitualmente que su representación tenga carácter heráldico, y esto es algo que poseen dos de ellas especialmente: el águila y el león. Tanto uno como otro tienen un carácter regio; el primero como rey de las aves, y el segundo de todos los animales terrestres. Es esta característica de dominación y superioridad sobre todas las criaturas de su entorno la que probablemente los hizo idóneos para simbolizar a las monarquías y, con el tiempo, a los dominios de éstas. Los dos han estado presentes en los signos de gran cantidad de civilizaciones antiguas, y perduran en la heráldica de muchos naciones modernas. Los Reyes Católicos, por ejemplo, introdujeron un águila en el escudo de España, y la casa de Austria la implantó en las armas reales españolas. Tras la guerra civil el estado nacional la incorporó al escudo de España bajo la advocación de San Juan. Pero, y siguiendo con nuestro país, ¿alguna vez fue representado por el león? Pues hay que decir que sí, aunque esto sea algo probablemente desconocido por la mayoría de nuestros lectores y, que sepamos, nunca expresado por escrito. Juan José Sánchez Badiola desarrolla este asunto en el artículo siguiente, pero adelantemos algunos de sus aspectos.
Probablemente el primer rey hispano que adopta el león como símbolo regio es Alfonso VII (1126-1157), y lo hace quizá por las razones comentadas más arriba. Pero no sólo por ellas.
Algunos de los reyes cristianos que, en los siglos posteriores a la caída de la monarquía visigoda, gobernaron territorios en la mitad noroccidental de la Península, fueron llamados en la documentación coetánea, y en muchas ocasiones, “reyes en León” (regnantes in Legione), asociándose de esta forma la monarquía a una ciudad. A una ciudad heredera del campamento romano que ocupó durante varios siglos la Legión VII Gémina, que con el tiempo se convirtió en población civil, y que nunca, que se sepa, tuvo un nombre propio, por lo que se la denominó simplemente legión; la legión por antonomasia, la única presente en la Península durante un largo periodo. Pero esta palabra, escrita tradicionalmente Legione, debió pronto empezar a pronunciarse León. Por homofonía, el felino y la ciudad se acabaron asociando, de forma que, a mediados del siglo XII, el Poema de Almería, después de equiparar la preponderancia de la capital del reino entre todas las urbes a la del león sobre todas las bestias, nos informa de que los emblemas de la ciudad figuran en los estandartes y armas del Emperador. El león representaba pues, con Alfonso VII, no sólo a la monarquía, sino también a su capital, y era asimismo el símbolo de la unidad política gobernada por el Emperador, es decir, España. El león fue, por tanto, a través de la figura de Alfonso VII, el primer emblema de la propia España y representó, en cierto modo, lo mismo para el conjunto imperial hispano que el águila para el Sacro Imperio Romano Germánico.
En el documentado e interesantísmo estudio que sigue, Sánchez Badiola, autor del Las armas del Reino, nos habla de todo ello.

EL LEÓN, SÍMBOLO REGIO

El león es, junto con el águila, el animal heráldico por¡ antonomasia, tan frecuente en el momento de nacer el arte del blasón, que a veces se hace difícil distinguir cuándo se trata de un símbolo y cuándo de un elemento decorativo(1).
Pero el león es, también junto con el águila, símbolo por excelencia de la monarquía y la dignidad imperial, y por ello ha dejado huella en la onomástica regia: Enrique «el León» de Sajonia (1129-95), Ricardo «Corazón de León», Guillermo «el León» de Escocia (1165-1214)... Todos ellos traían leones en sus armas, sin que sea fácil tampoco saber si se debieron al mote o fue a la inversa. Igualmente, habría que valorar la relación con la heráldica de las representaciones plenomedievales en las que los reyes ocupan sillas de tipo curul, ornadas con cabezas y zarpas de león, y aquellas otras en las que portan cetros rematados de igual guisa, o bien en forma de flor de lis. No es de extrañar que el león figure en las representaciones heráldicas más antiguas, como los sellos de Waleran de Meulan (c.1136) o del citado Enrique de Sajonia, debido al cual se extendió como símbolo güelfo, frente al águila gibelina. Hay leones en la heráldica real de Bohemia, Bulgaria, Dinamarca, Suecia, Noruega y los Países Bajos. Las primeras armas conocidas de un Plantagenet están en el esmalte hallado en la tumba del conde Godofredo de Anjou, en Le Mans, fechado hacia 1172; en él se retrata al caballero con su escudo: de azur (azul), seis leones rampantes de oro, que heredó su nieto William Longespee. Los sellos de otro nieto suyo, Juan «Sin Tierra», datados en 1189, llevan dos leopardos, y por entonces, su hermano Ricardo ponía en los propios un león rampante contornado, al que alude Ramón Vidal cuando describe el vestido con que Leonor Plantagenet entró en la corte castellana: bermejo, con un león de oro(2) . Otro sello de Ricardo, de 1198, muestra ya los tres leopardos, cuya influencia determinó la posterior heráldica anglo-normanda, y es visible en el escudo de Llewellyn de Gales, que los armoriales del siglo XIII describen: cuartelado de oro y gules (rojo), cuatro leopardos del uno en el otro, si bien en una iluminación de la época trae las armas inglesas, con los esmaltes invertidos. También en España se dio esta identificación simbólica entre rey y león, que ya refiere San Isidoro (Etym., XII, 2, 3).
En la ilustración de Fernando II, en el Tumbo A compostelano, se lee, sobre el león: Leo fortis(3). Lucas de Tuy afirma que «antiqui Reges (...) Leonem depingere consueverant, eo quod Leo interpretatur Rex, vel est, omnium bestiarum», y compara a menudo la realeza con el valor del león: «Rex Castellae Adefonsus (...) quasi leo fortissimus (...) Duo ferocissimi reges quasi duo ferocissimi leones»(4).

¿LEÓN O ZARAGOZA?

Este fuerte simbolismo ha llevado a no pocos estudiosos a desconfiar del carácter parlante de nuestro león, con el argumento de que el nombre de la capital leonesa deriva de Legio, no de Leo, y apoyándose en recientes estudios numismáticos que, por razones tipológicas, epigráficas y metalográficas, asignan las primeras acuñaciones con el león a Alfonso el Batallador. De él lo copiaría su hijastro, Alfonso VII, al igual que el título imperial, que sólo pudo adoptar una vez fallecido el aragonés(5). Ya algunos viejos cronistas defendían el origen zaragozano del león, que atribuían nada menos que a Octavio Augusto.
Dejando aparte los argumentos lingüísticos, pues, en pleno siglo XII, la pronunciación de los nombres del animal y de la ciudad, si no era idéntica, sí muy semejante —lo que basta para que pueda darse el efecto parlante de las armerías—, la atribución de las monedas con el león al Batallador se nos antoja poco fiable. Aunque, en caso contrario, tampoco ello supondría la creación del emblema y el título imperial por aquél, pues la tradición imperial leonesa se rastrea sin dificultad desde el siglo X, y su renovación se debe a Alfonso VI, del que se dice, en diciembre de 1070: «Regnum et inperii Adefonsi regis in Legione»; el propio Alfonso VII figura ya como emperador en 1117(6). En cuanto al blasón zaragozano (de gules, un león, coronado, de oro), es difícil asegurar si tuvo relación con los reyes leoneses. Blancas creyó que se lo había concedido Alfonso VII cuando tuvo la ciudad bajo su égida(7) , pero se documenta por vez primera en 1288, y no parece que se adoptase en época del Emperador, pues difícilmente contaría la ciudad con una organización concejil desarrollada. Acaso aluda a su condición de sede regia, motivo por el que lo obtuvo Pamplona en 1423(8).

EL PRIMER BLASÓN

Dejando a un lado la afirmación de Represa de que el león heráldico figuró en un sello de Alfonso VI, por tratarse de un error(9), no nos cabe duda de que su elección se debe al emperador Alfonso VII. No ha de descartarse la posibilidad de que existiese ya anteriormente, a modo de emblema preheráldico. Conant insinuaba que el león esculpido en el frontón del primer edificio monástico de Cluny, erigido por Hugo el Grande con las parias leonesas, hacia 1077-79, podía muy bien simbolizar un hipotético vasallaje del Imperio leonés respecto de la abadía borgoñona, o el agradecimiento de ésta hacia sus monarcas(10).
Para el blasón leonés disponemos de un testimonio coetáneo, el Poema de Almería, que, caso único en la heráldica, nos informa de cómo y por qué fue adoptado el león por Alfonso VII. Tras presentar a las tropas de la ciudad de León, el cantar no ahorra comparaciones entre las mismas y los leones, equipara la hegemonía de la capital entre todas la urbes a la del león sobre las demás bestias, y afirma: «Sunt in vexillis, et in armis imperatoris,/ illius signa...»(11), esto es, que los emblemas de la ciudad firguran en los estandartes y armas del Emperador. Ello demuestra el carácter parlante del signo, en honor a la cabecera del Imperio, confirmado por el hecho de que fue Fernando II, segundogénito del Emperador, quien heredó la divisa, como rey de León(12). Pero también se hace eco del simbolismo regio del animal.
El primer león se ajustaba poco a las normas heráldicas, fijadas más tarde, y varió en cuanto a su forma y postura según el soporte y la función, procurando la mayor vistosidad y armonía estética en la composición, así se tratase de una moneda, un escudo, un estandarte o una gualdrapa. En las acuñaciones efectuadas durante el reinado del Emperador, estudiadas por Heiss, el león aparece, pasante, en el anverso, a veces con cabeza humana y coronado, junto a la leyenda Leon. En otras ocasiones, lo que figura es una cabeza de león de frente. Con Fernando II se añade al repertorio el león geminado, o los dos leones unidos por el tronco, en un proceso similar al que originó el águila bicéfala(13), nuevo paralelismo entre ambos animales heráldicos.
A partir de este rey, el león se incorpora a los sellos y signos rodados de la cancillería regia, donde aparece, por lo general, pasante o parado, muy a menudo con una pata delantera alzada. Su aspecto recuerda poco al félido en cuestión, desconocido para los españoles de la época, y se inspira en la anatomía de caballos, gatos o perros(14). Esto es también evidente en los leones que acompañan las efigies ecuestres de Fernando II y su hijo en el Tumbo, quizás inspirados en los signos; pero, si en aquéllos permanecen dignamente quietos, en señal de autoridad, ahora se representan en ademán de saltar o correr, sin duda por acomodarse al triunfante cabalgar de los monarcas. Aun así, es pasante el león que decora los arzones de la silla de Alfonso IX. No obstante, el del escudo que embraza Fernando II es ya rampante, posición considerada por los heraldistas, desde época temprana, la más apropiada a esta figura, hasta el punto de que se hizo costumbre no citarla a la hora de blasonar, por considarlo superfluo. Aparece también contornado, al igual los que figuran en sellos de Felipe de Flandes (1188) y Ricardo «Corazón de León» (1189), ajustándose así al sentido de la marcha del jinete. El escudo de Alfonso IX, en cambio, lleva las armas leonesas ya fijadas, con el león rampante, que mira a su derecha y muestra los dos ojos y una sola oreja, como también los que lucen sus sucesores, Fernando III y Alfonso X. A finales del siglo, aparece ya de perfil(15) . El Rey Santo cuartela las armas leonesas con las de Castilla, que tienen preferencia, aunque los armoriales del XIII ponen el león en los cuarteles 1º y 4º, disposición que luego se usará para los escudos reales en el reino de León(16).


EL COLOR PÚRPURA
Aun cuando los tratadistas modernos llegaron a proclamar que «el Violado no ha sido usado en Armerías antes del siglo XVI, confirmándose en esto lo que dice Fernand Mexía, que en su tiempo, que fue en el siglo XV, sólo se usaba este color en España; añadiendo más adelante que muchos no han tenido la Púrpura por color en Armería»(17), lo cierto es que se conoce desde los inicios de la Heráldica. Que nuestro león era cárdeno consta por las descripciones que de él hacen los armoriales del siglo XIII, comenzando por Matthew Paris, hacia 1244: «Campus hujus quarteri rubeus castrum de auro (...) Campus iste albus leo de purpura»(18). Mas, ¿cuándo se adoptó este esmalte para el león? Se ha sugerido que acaso el Poema de Almería aluda a un primitivo color dorado del mismo cuando dice de los emblemas imperiales que «auro sternuntur quoties ad bella geruntur»(19). Aunque la referencia es ambigua, el león de oro menudea a lo largo de la historia en representaciones de las armas reales, sin duda por ser también el oro metal simbólico por excelencia de la realeza. De oro es león que luce el escudo de Fernando II en el Tumbo A, y el del signum de Alfonso IX que concluye un privilegio de 1229. Asimismo, el que figura en los signos rodados de Pedro I, y quizá por ello asegura el obispo Antonio Agustín, en el XVI, que los primitivos leones eran fulvi (pardos) «lo cual explicaría el color de oro puesto sobre plata, cosa contraria a las leyes instituidas posteriormente»(20).
Leones dorados podemos ver con frecuencia en tallas y bordados, como el pendón municipal de León.
El testimonio excepcional de las imágenes del Tumbo permite seguir la evolución del motivo. Aunque no se trate de representaciones heráldicas propiamente dichas, hemos de citar el león pasante, rojo, que acompaña la efigie de Vermudo III, y los dos que le sujetan los pies a la de Alfonso V, morados. La figura de Fernando II lleva, como dijimos, escudo de oro con el león del mismo metal, lo que parece demostrar que todavía no estaban fijados sus esmaltes; pero al pie, sobre un borrado precedente del mismo tipo que el descrito, se pintó por vez primera el león de color morado oscuro, aunque sin campo alguno(21). El escudo de Alfonso IX es ya de plata, con el león de púrpura, y los mismos esmaltes aparecen en los arzones y al pie, e igualmente en los cuarteles de Fernando III y Alfonso X.
Ahora bien, ¿qué color era exactamente el púrpura y qué significaba? Pastoureau(22) sostiene que el término, en origen, no se refería al color púrpura o violado, pues del análisis de las representaciones medievales conservadas concluye que respondía a un tono intermedio entre el marrón y el gris. No sería hasta el Renacimiento, según él, que la recuperación de la cultura clásica trajese de vuelta el viejo color imperial. Así, aunque muchos han tenido esas representaciones por frutos del oscurecimiento o la degradación de los pigmentos, estaríamos ante el genuino color, pues incluso tratados del siglo XV (Prinsault, Argentaye, Garcí Alonso de Torres), definen el púrpura como resultado de la combinación de los otros colores heráldicos a partes iguales. La confusión al respecto vino aumentada por muchos autores que, ante lo inusual de este esmalte, lo tradujeron por rojo (Bonet, Mexía, Tamborino, Palacios Rubios, Salazar, Moreno de Vargas), o lo blasonaron lo mismo como color que como metal(23), aunque los ejemplos son contadísimos, quizás por su efecto poco armónico. Además, añade Pastuoreau , en la Francia medieval, la pourpre fue un tipo de tejido, independientemente de su color, conociéndose de todos ellos, pero especialmente del llamado bis o grisáceo, muy frecuente, que influiría en el tono del púrpura heráldico medieval, y acaso en el hecho de que, en la jerga británica del blasón, sea hoy plumby sinónimo de púrpura.
Este fenómeno, sin embargo, se dio con otros términos franceses: écarlate blanche, un vert mantel porprin... Ateniéndonos a las ilustraciones del Tumbo A, sin duda la más antigua aparición de nuestro esmalte, no cabe duda de que la intención del artista fue evocar un tono cárdeno o violáceo, aun cuando ello se lograse mediante un fondo castaño rojizo con retoques de gris azulado(24). Morados son también los leones que usan Fernando III y su hijo, por lo que no es extraño que el Walford’s Roll (ca. 1275) lo confunda con el azul, o que la Crónica Rimada (siglo XIV), lo interprete como «yndio»(25). Además, para los heraldistas del XV el púrpura es morado(26). La elección de este color para el león hispano se debió, sin duda, a que encarnaba como ningún otro la dignidad imperial, y es más que probable que naciera como esmalte heráldico con el propio escudo leonés, a juzgar por lo antiguo de nuestros testimonios y lo escaso del púrpura en la heráldica: los armoriales del XIII sólo recogen ocho ejemplos, tres de ellos leones sobre plata, otro león sobre oro, un águila, un palado y dos bandas. Es curioso que, en el particular esoterismo heráldico, el púrpura se asocie al león y el lirio(27). También, como es lógico, se asoció a las dignidades eclesiásticas, a lo que aludirían las quintillas
atribuidas al Rey de Armas Gratia Dei, que podían leerse en el Ayuntamiento leonés: «En argén, león contemplo,/ fuerte, purpúreo, triunfal,/ de veinte santos ejemplo,/ donde está el único templo/ real y sacerdotal»(28). Modenamente, se entendió como signo de luto, cual vemos en la Carta de Nobleza de los Álvarez de Tusinos, de finales del XVI.
Se ha venido afirmando que «desde el emperador Carlos se olvida (...) el purpúreo como esmalte del león en las armas de los reyes de España, sustituyéndolo por el gules»(29).
Los artistas flamencos y alemanes «no quisieron o no supieron estimar la diferencia de matiz (...) tradujeron el púrpura por gules (...) que les era más simpático porque dominaba en los blasones de su patria (...) Una frontera perfectamente delimitada separa los españolísimos leones morados (...) de los leones rojos advenedizos: la del reinado de Felipe el Hermoso». Lo probaría el hecho de que Juan de Borgoña, autor de la heráldica presente en el coro de la Catedral barcelonesa, con motivo del Capítulo de la Orden de Toisón de Oro allí celebrado en 1519, pintó de rojo los leones imperiales. Mas, como aclara Domínguez Casas, se trata de una consecuencia del nefasto repinte que el coro sufrió en 1748(30).
Pese a la existencia, desde el siglo XV, de ejemplos esporádicos de leones pintados de gules, los datos demuestran la permanencia del color primitivo, como es fácilmente comprobable a través de los textos e ilustraciones de la época.
La eliminación del púrpura fue obra de la influencia francesa venida con los Borbones, como evidencia la obra de Avilés, en 1725(31), no recuperándose oficialmente hasta 1981, y en ello influyó la insistencia de algunos heraldistas(32).
La corona del león se ve en monedas y signos rodados de Sancho IV, a finales del siglo XIII, aunque continúa ausente de muchas representaciones posteriores. El objeto de este añadido no es otro que reforzar el carácter regio de la insignia, lo que tanto molestaba a Alonso de Torres, pues ello le parecía superfluo en el caso del rey de las bestias(33). Coronado aparece el león del sello zaragozano de 1288(34), e incluso los leopardos del sepulcro de Leonor Plantagenet. En cuanto al lampasado de gules, las primeras versiones del escudo muestran al león con las mandíbulas apretadas y enseñando los dientes, por entre los que, en ocasiones, asoma la lengua, que es roja en el signum de 1229. En cambio, los leones que decoran los tronos de la Biblia Románica de San Isidoro (1162) y la miniatura de la condesa Urraca Fernández muestran la lengua y las uñas de color rojo, mientras que las uñas de león de Alfonso IX en el Tumbo A son blancas. Algunos leones de finales del reinado de este último enseñan una lengua trífida o flordelisada, que también se ve en el sello de Zaragoza. A finales del siglo XIV ya es usual, y así lo recoge el Armorial de Gelre (1370-1395).

HERÁLDICA APÓCRIFA

En la España del Siglo de Oro florece una mitología fundacional que se nutre de arraigadas tradiciones pseudohistóricas en las que dejaron huella San Isidoro, Rodrigo de Toledo y los más destacados humanistas. También la Heráldica se interpreta a la luz de estas invenciones, y las armas de Castilla se hacen remontar a su mítico nombre, Brigia, y al rey Brigo, tataranieto de Noé; a los suevos se les atribuye un dragón verde; y a los lusitanos una ciudad. En este contexto, para nuestro león se reclamó la herencia de los que trajeron consigo los cartagineses cuando fundaron nuestra ciudad con el nombre de Eleona, o bien se vinculó al signo zodiacal Leo, al emperador Trajano o a los reyes visigodos: Ataúlfo traería cuartelado: 1º, de gules, una corona de oro; 2º, de oro, tres fajas de sable (negras); 3º, de plata, un león de gules; y 4º, de oro, otro león del mismo color. Alonso de Cartagena asigna a Recaredo armas semejantes, salvo los primeros cuartes: 1º, fajado de plata y gules, y una banda de oro brochante sobre el todo; 2º, de azur, tres coronas de oro puestas en palo. Las mismas fuentes aseguran que, del reinado de Wamba en adelante, el escudo real visigodo se redujo al león bermejo sobre ondas azules, y el león sobre plata asignan a don Rodrigo y a Pelayo, bien por su estirpe goda, bien por creerse que tomó la ciudad de León a los moros(35).
Estas supercherías dejaron en León un fruto sorprendente: el escudo de la Real Colegiata de San Isidoro, el cual, en atención al origen godo de su titular(36), se compuso del siguiente modo: cuartelado, 1º, barrado de cuatro piezas de oro y sable; 2º, de gules, tres coronas, abiertas, de oro; 3º, de plata, un león contornado, de gules, con un hacha en las zarpas; 4º, de oro, un león de gules.

EL PRIMER ESCUDO DE ESPAÑA

La primitiva heráldica tuvo muy en cuenta la representación de los estados del soberano, a los que se aludía mediante signos parlantes. Además, perseguía la sencillez y la mayor expresividad posibles, evitando los excesos ornamentales y la acumulación de cuarteles y muebles. Pero la vertiente territorial de estos escudos primeros no suponía la existencia de emblemas territoriales, pues representaban al rey y a su línea sucesoria, y por nadie, sino por ellos, podían ser usados, ni siquiera por sus descendientes segundones, a los que se buscaba con rapidez unas armas propias o algún tipo de brisura. Eso sí, representaban al rey siempre y cuando gobernase el territorio a que se referían las armas. Pedro I reconoce que «la Cibdat de Leon es cabeza del Regnado de Leon (...) por el qual (...) yo traigo en las mis armas señal de Leon»(37). Porque, de no haber heredado este reino, por mucho que le correspondiesen por varonía las armas de sus antepasados, no hubiese podido llevarlas, habiendo sucesor que gobernase en León. Por ello, en Heráldica, para describir los blasones de las casas reales, basta con mencionar sus títulos: de Francia, de Inglaterra, de España...
Aunque las armas de Alfonso VII aludían a la ciudad de León, fueron el primer emblema de la propia España como tal, tras coronarse, en 1135, emperador de toda ella, con el cambiante vasallaje de los demás soberanos peninsulares.
El león fue al conjunto imperial hispano lo que el águila al germánico, aunque su falta de continuidad le impidió afianzarse al modo del Sacro Imperio. Un paralelismo que, por cierto, reaparece en la cartografía moderna, y de De Wit representa a España por medio de una panoplia con los escudos de sus reinos sujetos por un gran león armado de una espada, cimera de las armas reales, y a Alemania por el águila imperial, que soporta los blasones correspondientes. Los armoriales de los siglos XIII y XIV asignan el cuartelado de Castilla-León al «rey de España», contrapuesto a los de Aragón, Portugal y Navarra, e incluso a sus predecesores castellanos.
Con Fernando II, el león se circunscribe a su línea dinástica y su reino leonés, aunque también se intitula «Hispanorum —o Hispaniarum— rex» en algunos períodos.

Este proceso se reafirma con Alfonso IX, pero concluye al heredarle su hijo Fernando III. Paradójicamente, la asociación de un determinado emblema al reino de León, entendido como realidad geográfica y colectiva, comienza a definirse a partir de ahora. En principio, reinos y provincias no tuvieron armas distintivas independientes de las de un soberano o señor, si carecían de instituciones colectivas propias. Sí usaron de armerías los concejos urbanos, como el de León, cuyo sello vemos ya en 1214, dado que contaban con funciones y órganos específicos, y porque su personalidad moral equivalía a la de los magnates, actuando a manera de señores colegiados. Por las mismas razones las trajeron más tarde las hermandades por ellos formadas.
La heráldica leonesa fue también pionera en todo este proceso, favorecido por un hecho crucial: desde 1230, los monarcas usaban escudos combinados de Castilla y León, verdadera innovación heráldica, por lo que las instituciones de cada reino no empleaban ya las mismas armas de sus soberanos. En 1258-60, el Notario Mayor del reino leonés usa el león en sus signos(38). El sello de la Hermandad de los reinos de León y Galicia (1295) lleva el león en el anverso y, en el reverso, la figura de Santiago, no se dice si en representación de Galicia o por ser patrón del reino(39). Desde las primeras décadas del siglo XV, se constata la existencia de reyes de armas o heraldos propios de cada reino hispano, entre ellos el de León, cuyas armas portaban en sus tabardos(40). De esta forma, el león se hizo emblema regional, diferente del cuartelado de la Corona y de los escudos de las otras regiones que la formaban.

EL ESCUDO DEL CONCEJO LEONÉS

Como señalábamos arriba, los concejos urbanos usaron de símbolos propios, que conocemos especialmenbte a través de la sigilografía. Cada municipio contaba con sus sellos característicos, que debían autentificar los documentos que emitían, obligación que recogen incluso algunos fueros y mandatos regios, como sucede en Córdoba y Lorca. Del concejo leonés se conservan sellos desde 1214, algunos bifaciales, que suelen llevar en el anverso el león pasante,como empleaba aún la sigilografía regia en el siglo XIII, y en el reverso, la imagen de la propia urbe, costumbre de la época de la que se deriva, sin duda, la abundancia en la heráldica municipal de ciudades amuralladas, puertos, puentes torreados, faros, acueductos... No fue éste el caso de nuestra ciudad, a buen seguro por el peso del león como signo parlante y regio, en un proceso inverso al de Benavente, donde la representación sigilográfica de la ciudad, reducida a su puente, se convirtió en blasón concejil, olvidándose el reverso alegórico y parlante de los viejos sellos.
En cualquier caso, el concejo leonés usó por armas las mismas que el reino, sin que sepamos de diferencia ninguna hasta finales del siglo XIX, cuando debió de establecerse, conforme a los datos que aporta C. Bravo, la distinción entre el escudo de la ciudad y el de la provincia, bastante arbitraria, que consistía, fundamentalmente, en que el de ésta iba coronado, por suceder al antiguo reino, y el municipal no. Ninguno de los escudos llevaba corona al timbre, aunque el municipal podía emplearla, «como recuerdo de haber sido esta ciudad cabeza de reino»(41).

Imágenes
1.- Imagen de Fernando II, Tumbo A de la Catedral de Santiago de Compostela.
2.- Moneda de Alfonso VII, tomada de I. VICENTE CASCANTE, Heráldica general y fuentes de las armas de España, Barcelona, 1956, p. 332
3.- Moneda de Alfonso IX, tomada de I. VICENTE CASCANTE, Heráldica general y fuentes de las armas de España, Barcelona, 1956, p. 345

Referencias

1 F. MENÉNDEZ-PIDAL DE NAVASCUÉS, Heráldica medieval española. I,
la Casa Real de León y Castilla, Madrid, 1982, pp. 26-27.
2 F. MENÉNDEZ-PIDAL DE NAVASCUÉS, op. cit., p. 49.
3 F. MENÉNDEZ-PIDAL DE NAVASCUÉS, op. cit., p. 25.
4 J. PUYOL, Crónica de España de Lucas de Tuy (texto romanceado), Madrid,
1926, pp. 406, 408 y 410.
5 «La divisa del emperador», (diciembre, 2003) http://www.publiafinsa.com/
modules.php?name=News&file =print&sid=260.
6 J. M. RUIZ ASENCIO, Colección documental de la Catedral de León (775-
1230). IV (1032-1109), León, 1990, doc. 1174. J. A. FERNÁNDEZ FLÓREZ,
Colección diplomática del Monasterio de Sahagún (857-1230). IV (1110-1199),
León, 1991, doc. 1197.
7 I. VICENTE CASCANTE, Heráldica general y fuentes de las armas de España,
Barcelona, 1956, p. 574.
8 F. MENÉNDEZ-PIDAL DE NAVASCUÉS, «Del significado de las armerías»,
Estudios a la Convención del Instituto Internacional de Genealogía y Heráldica
con motivo de su XXV aniversario (1953-1978), Madrid, 1979, pp. 249-262, p.
253.
9 A. REPRESA, El pendón real de Castilla y otras consideraciones sobre el
reino, Valladolid, 1983, p. 13.
10 K. J. CONANT, «Cluny, 1077-1088», P. GALLAIS, J. RIOU (eds.), Mélanges
offerts à René Crozet à l’occasion de son soixante-dixième anniversaire, Poitiers,
1966, vol. I, pp. 341-345.
11 H. S. MARTÍNEZ, El «Poema de Almería» y la épica románica, Madrid,
Gredos, 1975.
12 I. VICENTE CASCANTE, op. cit., p. 574.
13 F. MENÉNDEZ-PIDAL DE NAVASCUÉS, op. cit., p. 42 n.
14 J. A. MARTÍN FUERTES, «El signum regis en el reino de León (1157-1230).
Notas sobre su simbolismo», Argutorio, 9 (2002), pp. 15-19, y 10 (2003), pp. 12-
13.
15 M. DE RIQUER, Heráldica castellana en tiempos de los Reyes Católicos,
Barcelona, 1986, p. 173.
16 F. DE CADENAS Y VICENT, Heráldica en piedra de la ciudad de León,
Madrid, 1969, p. 11.
17 MARQUÉS DE AVILÉS, Ciencia Heroyca, Madrid, 1780, I, pp. 200-203.
18 M. DE RIQUER, op. cit., p. 204.
19 F. MENÉNDEZ-PIDAL DE NAVASCUÉS, Heráldica medieval española, p.
31.
20 I. VICENTE CASCANTE, op. cit., pp. 356 y 573.
21 F. MENÉNDEZ-PIDAL DE NAVASCUÉS, op. cit., p. 40.
22 M. PASTOUREAU, Traité d’Héraldique, 2ª ed., París, 1993, pp. 101-102.
23 MARQUÉS DE AVILÉS, op. cit., I, pp. 200-203.
24 F. MENÉNDEZ-PIDAL, op. cit., p. 74n.
25 Crónica rimada del Cid. Romancero general, vol. 2, ed. de A. Durán, Madrid,
1945.
26 M. DE RIQUER, op. cit., p. 82.
27 MARQUÉS DE AVILÉS, op. cit., I, p. 200.
28 F. CABEZA DE VACA QUIÑONES Y GUZMÁN, Resumen de las políticas
ceremonias, con que se govierna la noble, leal, y antigua ciudad de Leon, cabeza
de su reyno, Valladolid, 1693; 4ª ed. León, 1935, p. 3.
29 F. MENÉNDEZ-PIDAL, op. cit., p. 74n.
30 I. VICENTE CASCANTE, op. cit., pp. 600-601. R. DOMÍNGUEZ CASAS,
«Arte y simbología en el Capítulo barcelonés de la Orden del Toisón de Oro
(1519)», J. VAN DER AUWERA (ed.), Liber Amicorum Raphaël de Smedt, 2:
Artium Historia, Leuven, 2001, pp. 173-204.
31 MARQUÉS DE AVILÉS, op. cit., I, pp. 325-326, y II, p. 163.
32 V. DE CADENAS Y VICENT, «El León púrpura del reino de León», Hidalguía,
XXIV/136 (1976), pp. 345-352. M. A. NICOLÁS, «Mandad hacer un león
morado, que no rojo o de gules», La Hoja del Lunes, 11 de julio de 1977. F.
MENÉNDEZ-PIDAL DE NAVASCUÉS, «El león del escudo de España», León,
XXVII/307 (1980), p. 15.
33 M. DE RIQUER, op. cit., p. 175.
34 F. MENÉNDEZ-PIDAL DE NAVASCUÉS, op. cit., p. 25.
35 M. RISCO, Historia de la ciudad y corte de León y de sus reyes, Madrid, 1792,
p. 160. J. DE XEREZ, L. DE DEÇA, Razón de corte, León, 2001, p. 132. MARQUÉS
DE AVILÉS, op. cit., II, pp. 157 y 158. F. DE SIMAS ALVES, «Uma
lição de Heráldica em 1619», Estudios a la Convención del Instituto Internacional
de Genealogía y Heráldica..., pp. 23-40. P. DE LA VEZILLA CASTELLANOS,
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36 J. PÉREZ LLAMAZARES, Historia de la Real Colegiata de San Isidoro de
León, León, 1927.
37 M. RISCO, op. cit., p. 407.
38 J. A. MARTÍN FUERTES, op. cit., p. 13, n 16.
39 M. RISCO, España Sagrada, t. XXXVI, Madrid, 1787, ap. LXXII.
40 R. DOMÍNGUEZ CASAS, Arte y etiqueta de los Reyes Catolicos: artistas,
residencias, jardines y bosques, Madrid, 1993, pp. 656-660.
41 C. BRAVO GUARIDA, La imprenta en León (Apuntes para una monografía),
León, 1902, pp.395-397.

jueves, febrero 19, 2009

Estudio genético de los pueblos de la Península Ibérica

Durante mucho tiempo, en lo relativo a la descripción de los pueblos de España, se ha mantenido el mito de la identidad cultural, e incluso genética, entre leoneses y castellanos. Un ejemplo lo podemos encontrar paradójicamente en Separatismo y Unidad, de Eduardo Menéndez-Valdés Golpe, donde el autor intenta desmontar la mitología castellana sobre la que se ha construido la historiografía española. Sin embargo, no puede evitar caer en tópicos como "León también va perdiendo las diferencias que lo distinguieron de Castilla (si es que realmente las hubo, fuera del terreno político)". Ahora contamos con más información, como los estudios que presento a continuación, de los que no se infiere en absoluto esa identidad genética entre leoneses y castellanos. Incluso en uno de ellos, las semejanzas con Galicia y Norte de Portugal son muy importantes.

Como decía, he topado con una par de estudios sobre la estructura genética de la Península Ibérica a partir del análisis del cromosoma Y con objeto de estudiar su variabilidad genética y su relación con eventos históricos más o menos remotos: Reduced genetic structure of the Iberian peninsula revealed by Y-chromosome analysis: implications for population demography, y The Genetic Legacy of Religious Diversity and Intolerance: Paternal Lineages of Christians, Jews, and Muslims in the Iberian Peninsula.
Ambos se traducen en tabular la composición de haplogrupos según regiones españolas y en reducir la dimensión de los vectores de datos obtenidos utilizando técnicas de Análisis de Componentes Principales (como en el primer trabajo) o como combinación lineal de las composiciones de vascos, sefardíes y norteafricanos (como en el segundo trabajo).
Llama la atención la elección de regiones utilizadas, no sé si condicionada por poder ser caracterizada genéticamente (lo cual no creo) o por ser la más sencilla. En todo caso consiste, em líneas generales, con Galicia, Asturias, León, Castilla la Vieja, Cantabria, Pais Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña, Valencia, Castilla-La Mancha, Baleares, Andalucía Occidental y Andalucía Oriental. Llama también la atención la ocurrencia de los autores del segundo trabajo de denominar "Noroeste de Castilla" a León, y además añadiendo a Ávila, y eso que el nombre de la comunidad autónoma en la que se incluye, "Castilla y León", lo deja bien claro. En fin...
No queda tampoco claro que el número de muestras en agunas poblaciones (Asturias, por ejemplo) sea suficiente ni nos dicen nada sobre la dispersión de estas muestras.
Además, supongo que queda claro que no se trata de estudios que tratan de delimitar razas en España y Portugal, sino de análisis de variabilidad genética condicionada por la Geografía y la Historia, de la misma forma que se puede analizar la variabilidad cultural, lingüística, etc. Lo digo porque siempre hay algún malpensado.

Por último es significativo que la composición genética obtenida en ambos trabajos es diferente, si bien permite en ambos casos concluir la significativa presencia en el Noroeste y Occidente de haplogrupos norteafricanos y de Oriente Medio, que unos explican por acontecimientos del Neolítico, y otros por el éxodo masivo de moriscos y judios en el siglo XVI al occidente de la Península, en un momento en el que España y Portugal consolidan caminos políticos divergentes.

La primera imagen es de cosecha propia y consiste en asignar las componentes de vasco, moro y sefardi del segundo trabajo según cada región ibérica a componentes de color rojo, verde y azul (RGB).
La segunda imágen es la composición de haplogrupos en Europa.
La tercera imagen es la composición de haplogrupos en la Península según el segundo tarbajo.
La cuarta imagen es la descomposición en vasco-moro-sefardí según el segundo tarbajo.
La quinta imagen es la gráfica de la proyección de las composiciones genéticas de cada pueblo del primer trabajo segun un sistema formado por las las dos direcciones de componentes principales con mayor varianza, que pone de relive las distintas afinidades genéticas en la península, Africa del Norte y Oriente Medio.

martes, febrero 10, 2009

La manipulación en las asignaturas de Geografía e Historia de la Comunidad Autónoima de Castilla y León

NOTA DE TALIESIN: En el año 2007, las asociaciones Plataforma Regional Pro-Identidad Leonesa y Promonumenta, realizaron una análisis de los contenidos de los libros de texto de la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Con base en este informe realizaron una queja al Procurador del Común. Éste es el contenido del informe que amablemente me han cedido y que por su actualidad e interés, debe ser de dominio público. He aquí el informe.


Los ideólogos de los nacionalismos y regionalismos surgidos a fines del siglo XVIII necesi
taban establecer una continuidad entre su concepción regional-nacional y el pasado, buscando aquella esencia invariable que aportara legitimidad política. Cuando pensamos en nacionalismos que acomodan su pasado a su interés, enseguida nos vienen a la cabeza Cataluña, País Vasco, Galicia,… Sin embargo, ¿Cómo se transmite la Historia en la Comunidad Autónoma de Castilla y León? 
Cabría esperar que la comunidad autónoma de “Castilla y León” se muestre orgullosa por la cultura y la trayectoria histórica correspondiente a cada una de las entidades que, según su propia denominación, integra. Sin embargo, en la realidad la situación es bien distinta. Es sabido que esta comunidad autónoma es fruto de un regionalismo de finales del siglo XIX, irradiado desde la ciudad de Valladolid, que defendía y defiende un concepto regional unitario denominado indistintamente “Castilla y León” o “Castilla”, que es identificado con la Meseta Norte y que es capitalizado por esta ciudad. Sin embargo también es cierto este concepto territorial encontró y encuentra gran oposición en León que se resiste a esta asimilación castellana aduciendo que Castilla y León son dos regiones históricas distintas. 

Estos grupos ideológicos y políticos partícipes de este regionalismo castellano o “castellano-leonés” han conseguido institucionalizar y controlar este territorio históricamente mixto y parecen obsesionados en imponer una imagen unitaria, y además bajo una perspectiva castellanista que contrasta fuertemente con lo que se deduce simplemente del nombre de la comunidad. El pasado mes de agosto se puso a exposición pública el anteproyecto de ley que establece las Directrices Esenciales de Castilla y León entre las que encontramos:
Se fomentará una perspectiva unitaria de la riqueza cultural de Castilla y León fortalecedora de la identidad regional” (Título III, Cáp. 2, art. 17)
La acción pública debe activar estrategias que fomenten la identidad regional recomponiendo su imaginario” (Título IV, art. 40)

Además de estos grupos, el papel desempeñado por la educación y en concreto por la enseñanza 
de la asignatura de la Historia y la Geografía, se ha revelado como un importante instrumento para la ideología regionalista o nacionalista que controla las instituciones, y por tanto, el sistema educativo con el fin de que los modos de percepción, interpretación y representación del mundo del estudiante se ajusten de acuerdo a una configuración político-territorial concreta. El poder ideológico de esta regionalización didáctica tiene capacidad tanto de legitimar el orden institucional existente, ocultar otras alternativas e inculcar en el mapa mental de sus lectores y espectadores la existencia de regiones que nunca tuvieron realidad.

Los procedimientos narrativos empleados didácticamente ya desde finales del siglo XVIII por los nacionalismos para construir narrativamente su territorio incluyen el uso de “procedimientos de control” sobre la verdad (como la censura, el olvido activo o la producción de imágenes falsas), la búsqueda de orígenes remotos, la presentación del territorio como si fuera un elemento histórico fijo, la creación de símbolos territoriales (acto de nombrar, identificación con ciertos paisajes o geografías), etc.

Estudiaremos a continuación cómo utiliza la Junta de Castilla y León estas tácticas en los libros de texto.

Ya en el segundo ciclo de Primaria se sientan las bases principales:
Decimos que somos castellano-leoneses o castellano-leonesas porque vivimos en la Comunidad de Castilla y León. Las personas que viven en una misma comunidad autónoma comparten un territorio, un clima similar, unas costumbres y tradiciones. Además, comparten unas mismas instituciones de gobierno que los representan”(1)
Iguales y diferentes: Cada comunidad autónoma tiene unas tradiciones, una cultura, una historia y, a veces, una lengua propia. […] Debemos ser respetuosos con la cultura y tradiciones de las demás comunidades autónomas, porque la variedad y la diversidad nos enriquece a todos”(2)

Es una de las vías para legitimar la configuración autonómica y naturalizarla consiste en confundir geografía con administración, se identifica la Meseta o la Cuenca del Duero con “Castilla y León” como si la creación de esta comunidad autónoma fuera resultado inevitable de la Naturaleza fijándose esta asociación en el estudiante.
La Meseta en Castilla y León se encuentra casi completamente rodeada de montañas. Estas montañas son los Montes de León, la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y el Sistema Central. […] Los Montes de León están situados en el noroeste de la Meseta y separan nuestra comunidad de la de Galicia”(3)
Todos los ríos castellano-leoneses, excepto el Ebro y el Sil, son afluentes del Duero o de ríos que desembocan en él”(4)
Castilla y León es una región de grandes dimensiones que se extiende a lo largo de unos 200 km. de Norte a Sur y de unos 250 km. de Este a Oeste”(5)

Debemos entender esta territorialidad como “una estrategia orientada a afectar, influir o controlar recursos y personas mediante la delimitación, reivindicación o afirmación del control de un área geográfica”. ¿Y quien ejerce este control? También nos lo dicen los libros de texto:
La ciudad de Valladolid es, a la vez, la capital de la provincia de Valladolid y de la Comunidad de Castilla y León”(6)
Actividades: Indica que localidad castellano-leonesa es además: un municipio, una capital de provincia y la capital de la comunidad de Castilla y León”(7)

Ya tenemos unidad y límites, y sabemos también quien manda. Ahora nos falta aclarar lo del nombre y es que como señaló el geógrafo finlandés Petri Raivo “un lugar debe tener un nombre para que pueda ser realidad”. En el caso del de nuestra comunidad autónoma éste es: “Castilla y León”.

Si queremos dar una imagen unitaria, esta denominación tiene el gran inconveniente de estar compuesto por dos elementos unidos, y también diferenciados, por una conjunción copulativa. A esto podemos añadir que la gran mayoría de nosotros recordamos que hace treinta años, León y Castilla la Vieja eran dos regiones distintas que durante el proceso autonómico se unieron en una misma comunidad autónoma. Los más avezados, pueden constatar esta diferenciación en la tradición corográfica española (descripción de sus regiones por medio de la cartografía, textos, etc.) ya desde del siglo XV.

Figura 1. L'Espagne diviseé en plusieurs estats et provinces au Roy Catholique, et au roy de Portugal, 1689 de Vincenzo Coronelli ¿Dónde está Castilla y León?


Sin embargo hemos observado que en ningún libro de texto estos dos territorios son diferenciados, que no es reconocida su existencia histórica en ningún momento, ni en la actualidad, ni en el pasado. Al contrario, e independientemente del periodo histórico estudiado, las referencias a un territorio denominado “Castilla y León” son constantes, con una insistente consideración como “región” y que utiliza verbos conjugados en singular. Incluso y con lamentable frecuencia, encontramos la utilización indistinta de “Castilla” o “Castilla y León”.

Una de las tácticas preferidas de los "creadores de regiones" es el presentismo, el asumir las divisiones político-territoriales de hoy día para estudiar hechos y procesos del pasado ignorando el carácter variable de las divisiones administrativas y olvidando la importancia que tales divisiones tuvieron en el momento que se pretende estudiar. Así podemos encontrar en los libros de texto que ya los pueblos prerromanos habitaron Castilla y León(8), concretamente los celtíberos cuya derrota por parte de los romanos ya significó la incorporación de Castilla y León al Imperio(9): 
La presencia de los romanos en Castilla y León provocó la incorporación de este territorio a la civilización. Como ya sabes, uno de los hechos determinantes de la romanización fue la fundación de nuevas ciudades y colonias. Los dos ejemplos castellano-leoneses más relevantes fueron el de Astúrica Augusta (Astorga) y Legio (León, sede de la Legio VII Gemina) [...] La economía de la región se basó en el cultivo de cereales (trigo y cebada), la ganadería (ganado vacuno, caballar y lanar) y la explotación de las minas”.

Otras veces encontramos que el pueblo prerromano más representativo de la cuenca del Duero es el de los vacceos, no mostrándose la distribución del resto de los pueblos ni la extensión de algunos por otras zonas geográficas, como los ástures. La cultura de esta área se uniformiza y no se habla de las guerras astur-cántabras ni se describe la división provincial romana(10).

Resulta curioso que en la Prehistoria se refieran por una parte a la Península Ibérica, referente geográfico, y por otra a Castilla y León, entidad político-administrativa, como si Meseta, Cuenca del Duero o la Comunidad Autónoma de Castilla y León fueran conceptos equivalentes. Incluso hemos detectado que en un libro que utiliza un ámbito geográfico como zona de estudio de un periodo histórico: “los pueblos prerromanos en la Cuenca del Duero”(11) ó “La Cuenca del Duero en tiempo de los romanos”(12) el profesor manda corregir por: “Los pueblos prerromanos en Castilla y León” y “Los romanos en Castilla y León”.

Figura 2. Los pueblos prerromanos en la Cuenca del Duero


Figura 3. La Cuenca del Duero en tiempo de los romanos


Figura 4. Mapa de los pueblos prerromanos mostrando a los vacceos ocupando toda la Meseta (13)

Además, los romanos ya fueron, mucho antes que Antonio Silván, Consejero de Fomento de la Junta, los responsables de las primeras infraestructuras de esta comunidad: “Los romanos construyeron la primera red de calzadas de Castilla y León”(14)

Figura 5. Principales ciudades y calzadas romanas en Castilla y León (15)

En los siglos siguientes no hubo paz para el gobierno autonómico que tuvo que hacer frente a las invasiones germánicas: “El territorio de Castilla y León estuvo ocupado, sucesivamente, por dos reinos germánicos: el suevo y el visigodo [...] Los pueblos germanos se estableciern en diversas zonas rurales castellanoleonesas”(16)
La situación era caótica. Afortunadamente el rey visigodo Leovigildo reunificó de nuevo el territorio castellanoleonés. Sorprende que los ideólogos regionalistas “castellano-leoneses” no consideren este momento como el de la primera unión de Castilla y León: “¿Quién vivió en Castilla y León en los primeros siglos de la Edad Media?: [...]“Los germanos en Castilla y León. Los germanos se asentaron en nuestra Comunidad durante el Imperio Romano y, cuando éste desapareció, se dividieron el territorio entre los suevos, al noroeste, y los visigodos, en el valle del Duero. Esta situación duró hasta el siglo VI. En este siglo, el rey visigodo Leovigildo, para unificar el territorio, combatió y derrotó a los suevos”(17)

Y no terminan aquí las invasiones a las que tuvieron que hacer frente los antiguos castellano-leoneses: “La llegada de los musulmanes a la Península provocó un profundo cambio en Castilla y León”(18)
La resistencia cristiana nació al norte de Castilla y León, en Asturias [...] En esta época apareció por primera vez el término al-Quila, que en árabe significa castillo, para designar el norte de lo que ahora conocemos como Castilla y León”(19)

Y encontramos aquí la primera identificación tendenciosa de eso que denominado “Castilla y León” con Castilla. La Castilla primigenia, localizada entre Cantabria, Álava y Norte de Burgos era denominada por los árabes al-Quila. Sin embargo ¿Cuál es el norte de la comunidad autónoma de Castilla y León? ¿León? ¿Palencia? ¿Burgos? Por otra parte, los cristianos se hacen fuertes en los Picos de Europa, dando origen al Reino de los Ástures.

Generalmente, la etapa correspondiente al reino de León, desde el año 914 hasta 1230, aquel que conservó y transmitió el derecho visigodo, al que corresponde el primer símbolo heráldico regio y las primeras cortes representativas europeas, principal impulsor del Camino de Santiago, fundador de la Universidad de Salamanca, el reino hispánico medieval que más documentación ha conservado, responsable de los Fueros de León, la más antigua legislación territorial relativa a la Reconquista conocida, el primer fuero municipal del que todos los demás pueden considerarse derivados o variantes, reino matriz del que surgieron los reinos de Castilla y de Portugal y cuyos reyes se consideraban y eran considerados como Emperadores de Hispania es despachado con un: “Su hijo [de Alfonso III] García I (911-914) estableció la capital del reino en León: nació así el reino astur-leonés que enseguida se llamaría reino de León”(20). Una concesión a la historia de León no general ya que otros libros pasan directamente de Alfonso I de Asturias a Fernando I ¿de Castilla y León?(21).

Figura 6. Mapa de Castilla y León entre los siglos VIII y XI(22). A nosotros nos parece que el mapa muestra los reinos de León (diferenciando Galicia, León y Castilla) y Navarra

Todos los libros de texto se hacen eco de un mito asentado en la historiografía española procedente de leyendas y cantares de gesta castellanos: la independencia del condado de Castilla en el reino de León. Castilla no fue independiente con Fernán González ni con sus descendientes pues éstos siguen rindiendo pleitesía a su rey en la documentación. “El territorio, al que se dio el nombre de Castilla, adquirió prácticamente la independencia con el conde Fernán González, hacia el año 950”(23)

Las grandes diferencias entre las tierras conquistadas, especialmente entre Galicia, León y Castilla. Estas diferencias, junto a la política de los reyes de dividir el reino entre sus hijos, originaron una gran inestabilidad política. Las disputas entre los herederos fueron la causa de las guerras civiles que caracterizaron los primeros tiempos del reino de León [...] Debido a los problemas internos del reino de León y a la situación de frontera de Castilla, el conde Fernán González se declaró independiente a mediados del siglo X. A principios del siglo XI, Castilla era ya un reino independiente con Fernando I, quien, al derrotar al monarca de León, se convirtió en el primer rey de Castilla y León; sin embargo, al morir, volvió a dividir las tierras entre sus hijos. Alfonso VI, hijo de Fernando I, heredó el reino de Castilla y consiguió unificar, en 1072, todos los reinos de su padre, La unidad terminó en 1157, año en el que Alfonso VII, al morir, volvió a dividir las tierras entre sus hijos”(24) 
La proclamación del reino de Castilla por Fernando I el año 1035 supuso la reunificación de Castilla y León”(25)

Los reyes de León no dividieron su reino entre sus hijos hasta Fernando I. Por otra parte, nuestros libros de texto hacen remontar el origen de “Castilla y León” a Fernando I. Recordemos tras el asesinato del infante García, conde de Castilla, el condado pasa a la esposa de Sancho III de Navarra por lo que este rey tiene autoridad sobre este territorio que, a nivel señorial, sigue siendo vasallo del rey leonés. Para resolver esta situación, Fernando segundogénito del rey recibe el condado de forma que Sancho III sigue intitulándose rey en Castilla mientras que su hijo guarda las formas protocolarias con el reino leonés. El conde de Castilla se enfrenta con el rey de León Bermudo III siendo la causa del conflicto el territorio comprendido entre el Cea y el Pisuerga. Bermudo III muere en la batalla de Tamarón y el conde de Castilla se convierte en rey de León por su matrimonio previo con Sancha, hermana de Bermudo. Ramón Menéndez Pidal en El Imperio Hispánico y los Cinco Reinos, reconoce que “Fernando no se titula más que conde en los años 1035, 1036 y comienzos de 1037”. De acuerdo a la Colección Diplomática del Monasterio de Sahagún y a la Colección Documental del Archivo de la Catedral de León, Fernando se intitula preferentemente como “rey en León”. Otras fórmulas mucho menos frecuentes son “rey en León y en Castilla” ó “rey en León, en Castilla y en Galicia”. 
El reino de Castilla surge como consecuencia de la herencia de Fernando I de León y es concedido a Sancho. Alfonso hereda León y García, Galicia. Finalmente Alfonso VI de León se hace con el control de León, Castilla y Galicia y conquista Toledo. Hasta 1085 se intitula preferentemente como rey de León y, a partir de la conquista de Toledo, como “Emperador de Toledo y León” y, especialmente, “Emperador de Toda Hispania”. Su nieto, Alfonso VII se corona Emperador en León en 1035. Se intitula preferentemente como “Rey de León”. Otras fórmulas son “Rey de los Hispanos”, “Emperador de León y Toledo” o “Emperador de León”. En ocasiones se enumeran los territorios de su reino (León, Toledo, Galicia, Castilla, Nájera, Almería,...). A su muerte divide sus reinos concediendo Castilla y Toledo a Sancho y León y Galicia a Fernando. En consecuencia, ni Fernando I, ni los Alfonsos VI y VI, fueron reyes de Castilla o de Castilla y León. En los libros de texto podemos encontrar todos estos disparates:
Alfonso VI de Castilla [conquistó] Toledo(1212)”(26)
El Cid fue un personaje contemporáneo del rey castellano Alfonso VI”(27)
Yusuf ibn Tasufin, emir de los almorávides, desembarcó en Algeciras y avanzó hacia el norte de la Península, derrotando al ejército de Alfonso VI de Castilla en la batalla de Sagrajas (1086)”(28)

que se contradicen con lo que se afirma en el mismo libro: “En 1065, a la muerte de Fernando I, el reino se dividió entre sus dos hijos: Sancho II heredó Castilla, y Alfonso VI, León”(29) y que se olvida, tal vez porque rompe esta pretendida dualidad castellano-leonesa que el otro hermano, García heredó el reino de Galicia.
El arte mozárabe en Castilla y León. [...] Estos hombres [los mozárabes] trajeron a Castilla y León formas constructivas y artísticas heredadas de los árabes, que dieron origen a un estilo que ha dado en llamarse “mozárabe” o “de repoblación”(30)

La proclamación del reino de Castilla por Fernando I el año 1035 supuso la reunificación de Castilla y León. En 1065, a la muerte de Fernando I, el reino se dividió entre sus dos hijos: Sancho II heredó Castilla, y Alfonso VI, León. [...] En el siglo XII volvió a dividirse el reino. Portugal se independizó en el año 1139 y León lo hizo en 1157. Mientras Castilla proseguía su avance en la reconquista, León consolidó sus instituciones”(31)

Figura 7. Cronología de los principales reyes de Castilla y León y Aragón a partir del siglo XI(32) ¿Donde están los reyes de León Fernando II y Alfonso IX? No cuadraban

Y llegamos a Fernando III, rey de Castilla y Toledo desde 1217 y de León y Galicia desde 1230. Añade a su corona los reinos de Córdoba (1236), Murcia (1243), Jaén (1245) y Sevilla (1248) que continuaron teniendo entidad propia en el seno de una corona que ha sido denominada de Castilla porque éste era el reino que figuraba en primer lugar en la titulación real. Su escudo regio incorporaba el símbolo heráldico del rey de Castilla y el correspondiente al del rey de León, el conocido escudo cuartelado de castillos y leones. Era éste un símbolo del rey y no de ningún territorio. Unos siglos después el reino de León asimilaría el símbolo del rey de León, Castilla la Vieja el del rey de Castilla y en el siglo XX la comunidad autónoma de Castilla y León el de Fernando III. Obviamente no existió nunca un “reino de Castilla y León” ya que León y Castilla eran reinos distintos que junto a otros integraban una corona.
Observa y lee: A.- Analiza los elementos del escudo y busca su relación con la descripción que del mismo hace el Estatuto de autonomía. B.- Recuerda si en algún tema de la historia que has estudiado durante la ESO has encontrado algún documento parecido a este escudo. C.- Explica el origen histórico de cada uno de los símbolos representados y por qué se encuentran en el mismo escudo”(33)
Castilla [debería decir la Corona de Castilla] comprendía los antiguos reinos de Galicia, de León y la propia Castilla, y los recién conquistados reinos taifas de Sevilla, Córdoba y Jaén”(34) 
Castilla llegaba hasta el Mediterráneo y el Atlántico. El territorio de Castilla era muy extenso: en el siglo XIII, durante la Reconquista del Al-Andalus, llegaba hasta el golfo de Cádiz y el Mediterráneo”(35) En los libros de texto, cuando se habla de Castilla no se sabe muy bien a que se refiere. Muchas veces se emplea como equivalente de Castilla y León (cuyo ámbito es también desconocido). Otras veces incluye Andalucía, otras no. Galicia, Asturias, País Vasco, etc. son omitidos. Todo se aclararía si distinguiese entre la Corona de Castilla y uno de sus reinos que la integraba: el de Castilla. Obviamente, Castilla, propiamente hablando, no llegó ni al Mediterráneo ni al Atlántico.

A pesar de ello podemos encontrar en los libros de texto: “Primeros años del reino de Castilla y León. Los dos primeros reyes fueron Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio y reinaron hasta casi el fin del siglo XIII. Con ellos, Castilla se consolidó definitivamente como reino”(36) ¿No decían antes que el primer rey de Castilla y León fue Fernando I? ¿Cómo es que el reinado de Fernando III, dos siglos después, supone los primeros años del “reino de Castilla y León” que además es identificado con Castilla?
No se trata sólo de tener o no un pasado, sino de qué pasado tener (...) los historiadores se convierten en los responsables de seleccionar el pasado a recordar y enterrar lo que debe olvidarse”(37) La manipulación de la Historia comienza con la administración de la memoria y el olvido, la proyección focal hacia unos determinados temas, personajes o épocas. Hasta ahora hemos visto como los libros de texto focalizan personajes como Fernán González conde de Castilla independiente del reino de León, Fernando I primer rey de Castilla y León y Fernando III definitivo rey de Castilla y León, con la consiguiente distorsión histórica y soslayando el reino de León durante este periodo. A partir del siglo XV continuación veremos que los protagonistas de la historia castellano-leonesa fueron Isabel I, los Comuneros, El Empecinado, el Canal de Castilla y el regionalismo castellano, todo ello complementado con la presencia fija, eterna e invariable de una fantasmal región de Castilla y León que continuamente es identificada con Castilla.
Actividades. Realiza una línea del tiempo con las etapas de la historia de Castilla y León desde Isabel I hasta nuestros días”(38)
Castilla y León entre los siglos XI y XV. [...] Con el desarrollo urbano surgieron las ferias, mercados temporales que agrupaban a los comerciantes de una región en unas fechas determinadas. La más antigua de la región fue la de Valladolid (1152)”(39) ¿De qué región habla en el siglo XII? 
Las comunidades. El 23 de abril de 1521 se produce la derrota de los comuneros en Villalar. Esa fecha ha sido elegida como fiesta de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, en recuerdo del levantamiento de las ciudades castellanas contra Carlos I”(40)
Las comunidades. El 23 de abril de 1521 se produce la derrota de los comuneros en Villalar. Esa fecha ha sido elegida como fiesta de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, en recuerdo del levantamiento de las ciudades castellanas contra Carlos I”(41) 
El triunfo sobre los comuneros permitió un aumento del poder real sobre Castilla, reino sobre el que Carlos I y Felipe II forjaron su dominio en Europa y su expansión en América”(42)
El Gótico gozó en Castilla y León de una pervivencia inusual [...] La única gran catedral castellana que se construye en el siglo XIV es la de Palencia”(43)
Castilla y León en los siglos del Renacimiento (44) [...] El Siglo de Oro de la literatura española se debió, en gran parte, a los escritores castellanos [...] A finales del XV aparecen las primeras imprentas en Castilla y León(45) [...](46) En el territorio de Castilla y León existía [en el siglo XV] gran afición al teatro(47) [...] Algunos de los arquitectos que trabajaron en Castilla y León fueron: Juan del Ribero Rada, que proyecta la iglesia de San Marcelo (León) y la iglesia de las Huelgas Reales (Valladolid), Juan de Nantes y Diego de Praves(48) [...]Había unos 1500 vidrieros en nuestra región [...]Fue uno de los gremios [el de la platería] más prósperos de Castilla y León(50)"
Castilla y León en los siglos XV y XVI. Castilla y León y los Reyes Católicos. En Castilla y León, la lucha sucesoria entre Juana la Beltraneja , hija de Enrique IV de Castilla, e Isabel, hermana del rey, se transforma en un enfrentamiento entre los concejos y la nobleza”(51)
La economía en el siglo XVI. Desde comienzos del siglo XVI comenzó a llegar a Castilla la plata americana. Sin embargo en las últimas décadas del siglo XVI, la economía castello-leonesa empezó a mostrar claros síntomas de crisis y decadencia...”(52)
aunque muchos altos cargos de la administración fueron ocupados por castellanos, esto no benefició especialmente a Castilla y León, que siguieron pagando fuertes impuestos – más que Cataluña, Valencia y Aragón – y aportando más hombres en los reclutamientos militares del ejército borbónico”(53)
Las relaciones entre Castilla y León y América fueron importantes por las posibilidades que ofrecía el Nuevo Continente...”(54)
Castilla y León participó estrechamente en la conquista y colonización de América. [...] Cuestiones: 1. ¿Por qué fue importante la labor de Castilla y León en la obra americana?”(55)
La economía en el siglo XVI. Desde comienzos del siglo XVI comenzó a llegar a Castilla la plata americana. Sin embargo en las últimas décadas del siglo XVI, la economía castellano-leonesa empezó a mostrar claros síntomas de crisis y decadencia...”(56)

Figura 8. “La población en Castilla y León evolucionó negativamente entre 1591 y 1646(58)

Durante el siglo XVI, Castilla y León vivió una etapa de desarrollo económico, social, y cultural.[...] El incremento de los numerosos impuestos provocó un descontento general y el levantamiento de las comunidades de Castilla. [...] La prosperidad económica que vivió Castilla y León en el siglo XVI afectó a todos los sectores. [...] La ganadería mantuvo el predominio en la Mesta, con las trashumancia de los rebaños del norte de Castilla a Extremadura [...] La ciudad más importante de Castilla y León fue Valladolid” (58)
El renacimiento en Castilla y León. El siglo XVI supuso un momento de esplendor para el arte de Castilla y León”(59)
Castilla y León en el siglo del barroco. [...] Durante el siglo XVI, el comercio con las Indias no tuvo repercusiones económicas importantes en Castilla y León [...] 
“Economía y sociedad en Castilla y León durante el barroco”, “La crisis de Castilla y León en el siglo XVII”(60)
"En el siglo XVII, el comercio con América tampoco tuvo gran relevancia, pero en el siglo XVIII se produce una reactivación de nuestra región, sobre todo con la apertura de la carretera de Reinosa: Santander se convirtió en el puerto de Castilla y León. [...] 
En Castilla y León se produce [en el siglo XVII] un estancamiento constructivo debido a la permanente crisis que se vive”(61) Obsérvese como se trastoca a Santander, considerada tradicionalmente como “el puerto de Castilla” a “el puerto de Castilla y León”.
“Castilla y León en el siglo XVII. Durante el siglo XVII, la actual comunidad de Castilla y León sufrió una crisis generalizada [...] Las continuas guerras empobrecieron el territorio castellano”(62)
Durante el siglo XVII, Castilla continuó cargando con el peso de la política expansionista de la monarquía”(63)
Castilla y León en el siglo XVIII”(64)
En general, la dinastía de Felipe V fue bien acogida por los castellanos [...] La política económica de Fernando VI fue de gran importancia para Castilla [...] Cuestiones: ¿En qué consistió la ‘revolución de los transportes’ en Castilla?”(65)
Castilla y León en el Siglo de las Luces y la Ilustración”(66) “Actividades: ¿A qué rey apoyaron los castellano-leoneses en la Guerra de Sucesión?”(67)
El comercio exterior de la región se basaba en la exportación de lana, trigo y vino. [...] En nuestra región se establecieron muchos comerciantes catalanes con sus pequeñas tiendas de medias o calzado. [...] El comercio experimentó grandes cambios a lo largo del siglo: no sólo creció el tráfico de mercancías; también mejoraron las vías de comunicación, cuestión indispensable para la región, teniendo en cuenta las dificultades que entrañaba la multitud de ríos y arroyos, los rigores del invierno y las barreras que representaban para nuestra comunidad las cordilleras Central y cantábrica”(68)
El periodismo fue un fenómeno muy importante en el siglo XVIII. En nuestra comunidad se fundó el Diario Pinciano, que se publicaba en Valladolid....”(69)
A comienzos de siglo, el sector industrial solo ocupaba al 12% de la población activa de la región, sobre todo en el sector textil y en el cuero [...] A medida que fue avanzando el siglo, el Estado patrocinó la creación de industrias estatales o Reales Fábricas en Castilla y León [...] El ministro Campomanes se dirigió a las principales autoridades de las provincias para que fundaran sociedades económicas; en Castilla y León se fundaron alrededor de una veintena [...] A mediados de siglo [XVIII], el Estado puso en marcha un plan de obras públicas para acabar con el aislamiento de Castilla y León”(70)
El canal de Castilla. El Proyecto. El Proyecto general de los Canales de Navegación y Riego de Castilla y León, elaborado por Antonio de Ulloa y Carlos Lamaur, y aprobado en 1753...”(71) Los autores del texto han tergiversado el título del proyecto que, en realidad es Proyecto general de los Canales de Navegación y Riego para los Reinos de Castilla y León(72) “Sin embargo, este proyecto fue el esfuerzo más importante realizado por el Estado para el desarrollo económico de nuestra región”(73)
Resulta curioso que se reproduzca en el mismo libro, adaptado, un informe de Gaspar Melchor de Jovellanos de 1794 que menciona el interés del Canal de Castilla para el reino de León, y a pesar de la incoherencia el libro de texto siga hablando de una región de Castilla y León en el siglo XVIII. “Este canal en todo su proyecto se extiende al territorio de Campos y a gran parte del reino de León, y seguramente presenta la más importante y gloriosa empresa que puede acometer la nación”(74) especialmente cuando poco después dice “En Castilla y León, el neoclasicismo se introduce, sobre todo, a partir del terremoto de Lisboa de 1755, que afectó a las tierras occidentales de nuestra comunidad: hubo que reconstruir edificios enteros o partes (cimborrio de la catedral de Salamanca, convento de la Caridad de Ciudad Rodrigo, en Salamanca, o la iglesia del monasterio de Sahagún, en León)”(75)¿No era aquello el Reino de León?
Será la última gran época [siglo XVIII] de la escultura castellano-leonesa”(76)
En el siglo XVIII, junto al Barroco de tradición castellana (San Marcos de León y, especialmente, la dinastía de los Churriguera, autores de la Plaza Mayor de Salamanca) apareció el Barroco francés de los Borbones”(77)
El mudejar presenta en Castilla dos modalidades: Una consite en el uso de ladrillo y madera para hacer templos románicos más baratos que los de piedra. De esta modalidad son los conjuntos de Sahún (León) y de Arévalo(Ávila)...”(78)
Las actuales provincias castellano-leonesas se definieron en 1833 por Javier de Burgos”(79)
Durante la Restauración triunfaron casi siempre los candidatos oficialistas, debido a la fuerte influencia del caciquismo en la región [...] Sobresale la creación en 1887 de la Liga Agraria por la burguesía harinera [...] A ella se vincularon los políticos de la región”(80)
Castilla y León en la crisis del Antiguo Régimen. La Guerra de Independencia en Castilla y León. En la segunda quincena de mayo de 1808 se produjo un levantamiento generalizado de los castellano-leoneses contra el ejército francés [...] Durante los cinco años siguiente Castilla y León fue escenario estratégico de la guerra de la Independencia [...] Las primeras batallas fueron aplastantes derrotas de los voluntarios castellanos [...] En el Trienio Liberal, Castilla fue escenario de las correrías ultrarrealistas del Cura Merino [...] El retorno del absolutismo en 1823 volvió a sumir la región en la atonía y la sumisión a las autoridades absolutistas”(81)
[Con ocasión de la Guerra de Independencia] Se formaron Juntas en casi todas las provincias de la región”(82) Oculta que las 13 juntas supremas creadas en España fueron las de Aragón, Asturias, Castilla la Vieja, Cataluña, Córdoba, Extremadura, Galicia, Granada, Jaén, León, La Mancha, Madrid, Mallorca, Murcia, Navarra, Sevilla, Toledo y Valencia lo que supone una estructuración regional. Cada una de éstas se organizaría internamente en juntas.
La revolución burguesa en Castilla y León. A la muerte de Fernando VIII, las autoridades de la región manifestaron cierta resistencia a los cambios que proponía el gobierno, y el ejército mantuvo una postura de tibieza ante los levantamientos carlistas, que tuvieron un considerable éxito en la región [..] Las provincias de Castilla y León tuvieron poco protagonismo en los años siguientes [...] A partir de 1856 la comunidad conoció un lento desarrollo de la industria de transformación agrícola-harinera”(83)
Castilla y León en la Edad Contemporánea. La Guerra de la Independencia en Castilla y León. [...] El levantamiento contra los franceses se inicia en Castilla y León a mediados de mayo de 1808 [...] Napoleón, después de llegar a Madrid, cruza el Guadarrama en dirección a Castilla y León para cortar la retirada a las tropas inglesas desde Salamanca y Valladolid; nuestra comunidad vuelve a estar controlada por los franceses. [...] En torno a 1810 comienza la guerra de guerrillas en Castilla y León [...] Algunos personajes de nuestra comunidad pasaron a la historia, como el vallisoletano Juan Martín, soldado, guerrillero y general conocido por el apodo “El Empecinado” [...] En nuestra comunidad se tuvieron que construir varios cementerios para enterrar a los soldados caídos en batalla. [...] La tala de árboles fue masiva en Castilla y León”(84)
Castilla y León fue escenario de la Guerra de Independencia por la importancia del valle del Duero para el acceso francés hacia Portugal”(85)
Castilla y León, lugar estratégico para Napoleón. Castilla era el paso natural de las tropas francesas camino de Portugal, y lugar estratégico para mantener las comunicaciones entre el norte (Galicia y Asturias) y el sur (Andalucía y Extremadura). [...] A mediados de julio el ejército francés controla prácticamente nuestra comunidad y tiene el camino libre hacia Portugal. Es entonces cuando los castellanos obligan a los franceses a replegarse hasta la línea del Ebro, en una gran ofensiva hispano-británica”(86)
Durante la primera fase de su reinado [de Fernando VII], el Sexenio Absolutista (1814-1820), no se produjo ningún levantamiento en nuestra comunidad [...] La industria tradicional entró en crisis [en el siglo XIX] en Castilla y León ante la competencia de otros productos extranjeros de mejor calidad [...] Hasta la puesta en funcionamiento del canal de Castilla (1840) y la llegada del ferrocarril (1860), la región carecía de una adecuada red de transportes, lo que perjudicó su desarrollo”(87)
La primera guerra carlista reflejó la implantación de las ideas absolutistas en el norte de Castilla. El bando isabelino se impuso en la mayor parte de León, Zamora y Salamanca, pero no en el resto”(88)
Las provincias castellano-leonesas acapararon [en el siglo XIX] aproximadamente una tercera parte de los molinos españoles, de las fábricas y de la producción harinera nacional, que se concentraba particularmente en las riberas del canal de Castilla y de los ríos más caudalosos de Valladolid y Palencia”(89)
Actividades: ¿Por qué no había una burguesía fuerte en Castilla y León?”(90)
La sociedad en el siglo XIX.[...] La población de nuestra comunidad oscila entre 1.600.000 y 1.800.000 sobre un total de población nacional unos 11 millones”(91)
“Los pueblos castellanos”(92)
La economía castellana empezó a dar muestras de crisis, con la quiebra de la banca vallisoletana, el cierre de la planta siderúrgica de Sabero, la paralización del tendido de nuevas vías férreas y una crisis de subsistencia [...] La explotación de hulla palentina entra en declive, aunque en la minería de León se produce cierta recuperación, sobre todo en El Bierzo”(93)

El único regionalismo descrito en los libros de texto es el castellano o castellano-leonés de Valladolid. En ningún libro de texto se hace referencia a las distintas muestras de regionalismo leonés reconocibles ya desde finales del siglo XVIII, durante la Primera República, la Segunda República, etc. En todo caso es una lista que se utilicen libros de texto para difundir ideología regionalista o nacionalista.
El regionalismo en Castilla y León. El regionalismo durante el reinado de Alfonso III [...] cuando en 1918 se formó la mancomunidad de Cataluña, se reunieron los presidentes de las diputaciones de la región castellano-leonesa en la ciudad de Burgos y redactaron el llamado “mensaje de Castilla”, semejante a la mancomunidad catalana”(94)
El regionalismo en Castilla y León. El regionalismo desde la II República hasta la democracia”(95)
El proyecto de Constitución Federal de 1873 dio origen a un tímido regionalismo al considerar a Castilla como uno de los Estados federados”(96)
La crisis del 98 provocó ideas regeneracionistas. El regeneracionismo castellano fue básicamente pesimista, católico y reaccionario, defensor de una España regenerada desde Castilla y de la necesidad de un líder fuerte, con desprecio del parlamentariosmo. Esto condicionó que Castilla no conformara una idea regional propia y desde fuera se identificara a Castilla con el nacionalismo español (mito de la Castilla eterna y forjadora de España)”(97)
Durante el reinado de Alfonso III se siguió defendiendo el proteccionismo del trigo y nació un regionalismo unido a los intereses de los agraristas”(98)
Mensaje de las Diputaciones de Castilla al gobierno, 1918”(99)
Es de destacar [en la segunda mitad del siglo XIX] el surgimiento de cierto sentimiento ‘regionalista’ castellano, animado por el periódico El Norte de Castilla y en documentos como el llamado ‘Pacto Federal Castellano’(1869)”(100)
Amplía la información. El Pacto Federal Castellano. ‘Los representantes de las pro¬vincias de Castilla nombrados para convenir y otorgar el Pacto Federal Castellano, reunidos en asamblea, consideran como im¬prescindible obligación el dar cuenta a sus comitentes de los trabajos que hasta ahora han lle¬vado a término (...). El Estado de Castilla la Vieja lo constituyen las provincias de Ávila, Burgos, León, Logroño, Falencia, Salamanca, Santander, Segovia, Soria, Valladolid y Za¬mora. Reconociéndose en todas estas provincias su autonomía e individualidad propia, podrá cada una agruparse con otra u otras según lo consideren con¬veniente (...). La Federación Castellana queda desde este momento constituida y establecida para representar y velar por todos los intereses del partido republicano (...). La san¬gre de los Padillas, Bravos y Mal-donados que corre por nuestras venas y el ardimiento de que guardan memoria estos pueblos de las Comunidades garantizan el éxito de nuestras aspiraciones y deseos.’ Valladolid, 15 de junio de 1869.”(101)
El regionalismo castellano se manifestó en diversas ocasiones, pero sobre todo tienen interés el ‘Mensaje al gobierno’ de las Diputaciones de Castilla en 1918 y, al año siguiente, el primer proyecto de organización autónoma, amparado en el real Decreto sobre Mancomunidades de 1913”(102)
La vida en el campo.[...] Por tanto, en nuestra comunidad, las desamortizaciones de tierras, en general, no propiciaron su acceso a ellas a pequeños y medianos propietarios, salvo algunas excepciones. [...] A partir de mediados de siglo los campesinos mejoraron su situación: nuestra región seguirá siendo el granero de España”(103)
Castilla y León entre 1875 y 1939. El caciquismo en la región. El largo periodo de la Restauración en Castilla y León estuvo marcado por el dominio de un reducido grupo de notables que controlaban la vida política...”(104)

Figura 9. Mapas de la minería española entre 1833 y 1869 y de las líneas de ferrocarril construidas en España entre 1848 y 1868 con el mapa autonómico actual(105). Entonces León y Castilla la Vieja eran regiones distintas.


Figura 10. Participación “regional” en la población y la renta entre 1960 y 1973. La división regional, en lugar de ser la correspondiente a ese periodo, es decir, con León y Castilla la Vieja diferenciadas, es la configuración autonómica actual (106)

Castilla y León entre 1875 y 1939. Intereses sociales encontrados. El poder político de Castilla y León defendía sobre todo los intereses de una ‘burguesía harinera’ cuyos ingresos procedían de la agricultura cerealística y su transformación [..] En 1887 se constituye la Liga Agraria, grupo de presión que se presenta como defensor de los intereses castellanos [..] La burguesía conservadora castellano-leonesa siguió quejándose ante el gobierno de Madrid de los ‘privilegios’ que obtenían otras regiones”(107)
Durante la Segunda República nacieron en Castilla y León grupos de carácter totalitario que apenas tuvieron filiación, pero que tuvieron mucho protagonismo a partir de 1936”(108)
La Segunda República y la Guerra Civil. En las elecciones municipales que condujeron a la proclamación de la Segunda República, también en Castilla y León fue mayoritario el voto a las candidaturas republicanas [..] Durante la etapa de la República reformadora (1931-1933) hay que señalar el surgimiento en Castilla de los primeros núcleos fascistas del estado [..] Se puede hablar de éxito de la sublevación de 1936 en toda la comunidad [...] de manera que a finales de julio todo el territorio castellano-leonés, salvo algunas zonas de la sierra de Ávila y el norte de la provincia de León, estaban en poder de los rebeldes”(109)
Castilla y León en la Edad Contemporánea. Castilla y León en el siglo XX“
“De la Restauración a la Guerra Civil. Nuestra comunidad vive muy de cerca las grandes convulsiones de la historia de España. [...] El fuerte peso de la agricultura y la tradición conservadora explican la decantación de Castilla y León por los partidos de derecha durante el periodo de la II República, y por el bando nacionalista en la Guerra Civil. [...] La población de la comunidad sufre un importante descenso durante el siglo XX”.
“Castilla y León en la Edad Contemporánea. Castilla y León en el siglo XX. Castilla y León durante la Guerra Civil. En conjunto, la sublevación franquista contó con un amplio apoyo en las guarniciones militares de Castilla y León [...] Castilla y León sufrió pérdidas humanas durante la guerra”.
“De la postguerra al final del franquismo. Entre 1950 y 1960 [...] unos 350.000 castellano-leoneses, sobre un 12% de la población total, abandonan sus hogares y pueblos”(110)
Se localizó [la modernización en la década de 1960], sobre todo, en aquellas regiones que tenían mayor tradición industrial (Cataluña, Madrid y País Vasco) y en siete ciudades que iniciaron la creación de polos de desarrollo industrial (A Coruña, Burgos, Huelva, Sevilla, Valladolid, Vigo y Zaragoza). No obstante, la mayoría de las regiones (Andalucía, Extremadura, Galicia, las dos Castillas, Aragón y Canarias) siguieron sumidas en el subdesarrollo”(111)
Castilla y León: del franquismo a la democracia. El papel de Castilla en el régimen. Castilla y León fue una de la regiones que primero prestaron su apoyo al “Alzamiento Nacional” y a su líder, el general Francisco Franco [...] En palabras del propio Franco, la región fue ‘el vivero que nutrió de savia el resurgir español’. Sus principales bases de apoyo estaban en el ejército, el clero, los grandes propietarios agrarios y los campesinos de la Meseta. Castilla desempeñó, en la ideología del régimen, un papel centralizador del nuevo estado”(112)
[Durante el franquismo] El desarrollo económico de la región se basó en el campo y no en el sector industrial. La industrialización en Castilla y León fue insuficiente, desequilibrada, selectiva, y dependiente de capitales ajenos a la zona”(113)
En los años cuarenta y cincuenta, durante la autarquía, la población de Castilla creció,...”(114)
En 1978, cuando en España se empezaron a recuperar las libertades democráticas después de una larga y violenta dictadura, los castellano-leoneses eligieron para reclamar su autonomía la fecha (23 de abril) y la campa (Villalar) en que habían sido derrotado el movimiento comunero por Carlos I en 1521. Se manifestaba así el deseo de identificación regional que culminaría con la aprobación en 1983 del Estatuto de Autonomía de Castilla y León”(115)

Figura 11. Foto inicio de “Castilla y León”(116)

Castilla y León en la democracia. El despertar de una conciencia regional castellano-leonesa se manifestó desde el principio de la transición. Pocas semanas después de la muerte de Franco, en 1975, se fundaron varias asociaciones culturales, como la Alianza Regional de Castilla y León y el Instituto Regional de Estudios Castellano-leoneses [..] los primeros actos y manifestaciones tuvieron como centro simbólico de rebeldía a Villalar. En este pequeño pueblo, situado a unos cuarenta kilómetros de Valladolid, los comuneros fueron derrotados por las tropas imperiales el 23 de abril de 1521”(117)
En las primeras elecciones generales en Castilla y León, la UCD de Adolfo Suárez fue la fuerza más votada, pero con fuerte presencia de AP y del PSOE”(118) “Castilla y León” no contaba entonces con régimen preautonómico.


De todos las manipulaciones, olvidos y secuestros que encontramos en nuestros libros de texto, lo más lamentable es que en ellos se haga ensalzamiento del regionalismo castellano.

El franquismo tomó muchos aspectos ideológicos del regeneracionismo castellano (caudillismo, reacción, catolicismo, ruralización),...”(119)

Figura 10.Apología del regionalismo castellano(120)

El regionalismo en Castilla y León. El regionalismo a partir de la Constitución. Tras la desaparición de Franco, y dentro del marco de la Constitución de 1978, que contempla la posibilidad de constituir comunidades autónomas, se empieza a discutir el ámbito espacial que debía formar parte de la comunidad: no había duda con Castilla la Vieja, pero también se hablaba de incluir a Santander y Logroño. Lo que estaba claro es que nuestra comunidad debía coincidir geográficamente con la Meseta norte o la cuenca del Duero, territorio bien diferenciado y aislado del exterior. También hubo grupos que defendían otras propuestas individualistas o separatistas”(121) ¿Pertenecían a Castilla la Vieja León, Zamora y Salamanca? ¿Por qué debía coincidir con la Meseta norte? ¿Por qué considera “separatista” reivindicar sendas autonomías para León y Castilla? El proceso autonómico leonés es ocultado.
Regionalismo. Un poco de historia de Castilla y León. Históricamente existió un reino de Castilla y un reino de León, que se unieron en el siglo XI con Fernando I, y tras varias separaciones, se unieron definitivamente en 1230, con Fernando III; también se fusionaron sus respectivas cortes. A finales de la Edad Media, la población era de dos millones de habitantes (poco menos que hoy), y había ferias importantes, como la de Medina del Campo. La época de mayor prosperidad de la corona de Castilla tuvo lugar en los siglos XV y XVI. En el siglo XV se celebraron más reuniones de Cortes que en ninguna otra región. Valladolid fue, en tiempos de los Reyes Católicos, el centro de la actividad política, judicial y administrativa. Desde entonces nuestra comunidad ha seguido compartiendo una historia común, lo que justifica el sentimiento regionalista que ha dado lugar a Castilla y León”(122)

Referencias

(1) Conocimiento del Medio, Castilla y León, 2 ciclo primaria, ANAYA, p.108
(2) Conocimiento del Medio, Castilla y León, 2 ciclo primaria, ANAYA, p.112
(3) Conocimiento del Medio, Castilla y León, 2 ciclo primaria, ANAYA, p.126
(4) Conocimiento del Medio, Castilla y León, 2 ciclo primaria, ANAYA, p.140
(5) Ciencias sociales, geografía. Limes. Castilla y León. 3 ESO. Vicens Vives, p. 3
(6) Conocimiento del Medio, Castilla y León, 2 ciclo primaria, ANAYA, p.111
(7) Conocimiento del Medio, Castilla y León, 2 ciclo primaria, ANAYA, p.111
(8) “La prehistoria en la península ibérica y en Castilla y León” Geografía e Historia, Ciencias Sociales, 1 ESO ANAYA, p. 160
(9) “Castilla y León en épocas prerromana y romana”. Geografía e Historia, Ciencias Sociales, 1 ESO ANAYA, p. 241
(10) Ciencias Sociales, Geografía e Historia, 1 ESO, LIMES, p. 232-235
(11) Ciencias Sociales, Geografía e Historia, 1 ESO, LIMES, p. 232
(12) Ciencias Sociales, Geografía e Historia, 1 ESO, LIMES, p. 234
(13) Ciencias Sociales, Geografía e Historia, 1 ESO, LIMES, p. 221
(14) Geografía e Historia, Ciencias Sociales, 1 ESO ANAYA, p. 241
(15) Mapa de las principales ciudades y calzadas romanas en Castilla y León (Geografía e Historia, Ciencias Sociales, 1 ESO ANAYA, p. 241
(16) Geografía e Historia, Ciencias Sociales, 1 ESO ANAYA, p. 257
(17) Geografía e Historia, 2 ESO, Santillana, p. 8
(18) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 214
(19) Geografía e Historia, 2 ESO, Santillana, p. 8
(20) Geografía e Historia, 2 ESO, Santillana, p. 8
(21) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 214
(22) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 215
(23) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 214
(24) Geografía e Historia, 2 ESO, Santillana, pp. 8-10
(25) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 214
(26) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 242
(27) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 243
(28) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 246
(29) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 246
(30) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 215
(31) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 254
(32) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 243
(33) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 15
(34) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 249
(35) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 16
(36) Geografía e Historia, 2 ESO, Santillana, p. 10
(37) GARCÍA CARCEL, Ricardo, La manipulación de la memoria histórica en el nacionalismo español, Manuscrits, nº 12, pp. 175-181
(38) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 15
(39) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. pp. 254-255
(40) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 6
(41) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 6
Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 2
(42) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 2
(43) Geografía e Historia. Ciencias Sociales. Castilla y León. 2 ESO. Anaya. p. 255
(44) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, pp. 4-13
(45) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 8
(46) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 8
(47) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 9
(48) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 11
(49) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 13
(50) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 13
(51) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 24
(52) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 7
(53) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 21
(54) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 24
(55) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 4
(56) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 7
(57) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 5
(58) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, pp. 24-25
(59) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 57
(60) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 15
(61) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, pp. 14-17
(62) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 74
(63) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 4
(64) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, pp. 106-163
(65) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 6
(66) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, pp. 20-27
(67) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 21
(68) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 22
(69) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 23
(70) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, pp. 23-24
(71) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 24
(72) como puede comprobarse en “El Canal de Castilla” de Juan Helguera Quijada. Junta de Castilla y León, 1990.
(73) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 24
(74) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 24
(75) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 25
(76) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 27
(77) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 12
(78) Geografía e Historia, 2 ESO, Santillana, p. 14
(79) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 8
(80) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 8
(81) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, pp. 164-165
(82) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 29
(83) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 165
(84) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, pp. 29-30
(85) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 8
(86) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 29
(87) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, pp. 31-32
(88) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 8
(89) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 40
(90) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 33
(91) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 34
(92) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 33
(93) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 33
(94) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 41
(95) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, pp. 41-42
(96) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 8
(97) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 8
(98) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 10
(99) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 11
(100) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 165
(101) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 165
(102) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 231
(103) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 34
(104) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 230
(105) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 159
(106) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 280
(107) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 230
(108) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 10
(109) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 280
(110) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 37
(111) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 280
(112) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 286
(113) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 287
(114) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 10
(115) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 1
(116) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 1
(117) Historia, Ciencias Sociales, 4 ESO, Anaya, p. 287
(118) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 10
(119) Historia, Castilla y León, 4 ESO, Santillana, p. 10
(120) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 41
(121) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 43
(122) Historia, Ciencias Sociales, Monografía Castilla y León, 4º ESO, Oxford Educación, p. 41



El río Astura

PABLO PÉREZ GARCÍA. Revista Argutorio nº 2. Noviembre 1998

El río Astura es citado por primera vez en las fuentes antiguas sobre las guerras cántabras. San Isidoro también se refiere a él varios siglos más tarde. Pero después desaparece de la documentación y empieza a ser identificado (desde el siglo XVI) por la mayoría de los estudiosos que se han preocupado del asunto, con el actual Esla. Sin embargo, otro río cercano tiene. en opinión del autor de este artículo, tantas o más posibilidades de ser el histórico Astura: el Órbigo.


Entre los años 29 y 19 a. C. tienen lugar las guerras contra cántabros y astures con las que Roma pretende incorporar a su Imperio la parte de la Península Ibérica que estaba en esos momentos fuera de su control. Lo que conocemos sobre ellas se basa fundamentalmente en lo que escribieron Floro (s.I-II d.C.), Orosio (s. IV-V d.C.) y Dión Casio (s II-III d.C.). En estas fuentes se cita por primera vez a los astures y al río Astura.

La identificación de este río me parece un tema interesante no sólo por tratarse de un río histórico sino porque de su nombre derivaron otros : Astures, Asturia, Asturica-Astorga, Asturias, Asturianos... que se han mantenido vivos hasta el presente y que han tenido un gran protagonismo en muchas e importantes etapas de la Historia de España. Que Astura fue primero y los demás después parece claro si tenemos en cuenta que Astura con toda probabilidad significa “río” o “corriente de agua” . También fuera de la península ibérica encontramos en el pasado este mismo vocablo designando ríos , entre ellos uno en el Lacio.

Para entrar en el tema que nos ocupa es conveniente situarse en el escenario de las guerras cántabras e intentar delimitar dentro de él el territorio ocupado por los astures.

Parece que los romanos bautizaron con distintos nombres (probablemente traídos de fuera en su mayor parte por lo que no debían ser utilizados por los indígenas antes de su presencia) a los territorios del Noroeste donde apreciaron una cierta homogeneidad no se sabe bien de qué tipo . Esto ocurrió probablemente en el momento de la conquista o poco antes. El conocer los elementos que a los ojos del invasor determinaron el carácter homogéneo de tal o cual territorio en función de las características de sus pobladores quizás sea algo casi imposible. Posiblemente sólo podamos ahondar en los aspectos relacionados con la cultura material (a través de la arqueología) y bastante menos o prácticamente nada en los de la lengua y la etnia. Además, estos tres aspectos no siempre van correlacionados.

Sin embargo, a pesar de todas las dificultades, hay indicios, quizá suficientes, para hacemos una idea aproximada de lo que podríamos llamar “territorio astur” al comienzo de las guerras. Éste debía incluir a los Montes de León, al Bierzo y quizás al extremo occidental de la cordillera cantábrica (Los Ancares y El Caurel), además de la zona llana oriental colindante hasta el Órbigo más o menos y quizás parte de su prolongación por el sur (río Esla), quedando probablemente fuera la actual Asturias . Para el establecimiento de estos “límites” me baso en las opiniones de algunos autores que a su vez han utilizado datos arqueológicos sobre su cultura material y han tenido en cuenta la escasa información que aportan las fuentes escritas antiguas, pero algunos como el oriental, coinciden curiosamente con “fronteras” actuales. La Diócesis de Astorga utiliza aproximadamente el Órbigo como delimitación Este. El habla también cambia notablemente al atravesar este río . Mantiene, pues, todavía en la actualidad un cierto carácter fronterizo, que muy probablemente, como digo, ya tuviera en el momento de la conquista romana. Es poco probable que la zona entre el Órbigo y el Esla se deba incluir en este ”territorio astur”, aunque durante la dominación romana perteneció al Conventus Asturum, quizás por razones de tipo económico.

En base a lo antedicho vamos a tratar de interpretar algunos aspectos de los siguientes párrafos sobre las guerras cántabras según el relato de Floro, para, en último término, intentar la identificación del río Astura: “Los astures por este tiempo, descendieron con un gran ejército de sus nevadas montañas. Y no era a ciegas que aquellos bárbaros emprendían el ataque sino que, poniendo sus campamentos al lado del río Astura, dividiendo el ejército en tres columnas, se preparaban para atacar a un mismo tiempo los tres campamentos romanos. Y hubiera habido una lucha dudosa y cruenta y pluguiese a Dios que con pérdidas iguales para los dos bandos (...) de no ser por la traición de los brigecinos que avisaron a Carisio y éste actuó con su ejército(..). La poderosa ciudad de Lancia acogió los restos del ejército en derrota, y luchose en ella tan encarnizadamente que, cuando tomada la ciudad los soldados reclamaban que se le pegase fuego, a duras penas pudo conseguir el general que se la perdonase para que, quedando en pie. fuese mejor monumento para la victoria romana que incendiada”(Floro,2,33.46).

Del texto anterior se deduce que la operación organizada por los astures tenia como objetivo los tres campamentos romanos. Por ello si lográramos ubicarlos geográficamente, quizás estaríamos en condiciones de deducir cual podría ser el río en que acampan las tres columnas que se citan.

Para ello vamos a recordar algunas cosas relacionadas con esto que se han confirmado arqueológicamente en los últimos años.

Hoy se sabe que en el lugar que ocupa la actual ciudad de León se instaló antes de la Legio VII otra Legión, casi con seguridad la Legio VI Victrix . a finales del siglo I a.C. También se ha averiguado recientemente que en el cerro sobre el que se sitúa la ciudad de Astorga tuvo su campamento otra Legión, la X Gemina sobre la misma época . Así mismo. también es sabido que inmediatamente acabadas las guerras cántabras, la Legio X Gemina se traslada a Rosinos de Vídriales (Zamora).

En consecuencia, conocemos gracias a la arqueología los restos de tres asentamientos legionarios en el escenario del frente astur, que hoy por hoy no han aportado materiales anteriores a los años 15-20 a. C. pero que no parece lógico que hayan sido establecidos tan próximos en una época de reordenamiento y reducción de tropas recién acabadas las guerras por lo que, a falta de confirmación arqueológica, no parecería descabellado pensar que se tratara de los tres campamentos que cita Floro, tal como afirma en un reciente trabajo el equipo de Francisco Javier Sánchez-Palencia que estudia la zona arqueológica de Las Médulas. Su ubicación parece la más lógica, pues permiten el control de los principales accesos a las zonas montañosas occidentales y noroccidentales y a la vez de la zona llana colindante: el triángulo LeónBenavente-Astorga, es decir, aproximadamente lo que hemos considerado más arriba como “territorio astur”.

Las “nevadas montañas” a que se refiere Floro no pueden ser otras que las
comentadas más arriba y que podíamos denominar genéricamente como Montes de León. De ellas parten multitud de valles que vierten en el Órbigo: Luna, Omaña, Valdesamario, Tuerto, Porcos, Argañoso, Turienzo, Duerna, Valtabuyo, Eria,..,, En las proximidades de estos ríos se encuentra la mayoría de los asentamientos prerromanos que se conocen en la zona, y aunque los de mayor tamaño se sitúan en los tramos más bajos, cerca del Órbigo o a su lado , ya casi en la meseta, sus pobladores podrían incluirse sin excesivos problemas, dentro de “los astures que descendieron de sus nevadas montañas”. O cabe también la posibilidad de que se hubieran replegado previamente a la sierra ante una amenaza cercana como era la venida de un poderoso invasor.
Lo que no se entiende en estas condiciones es que el “ejército” astur atraviese las líneas enemigas (ver mapa), toda la llanura del triángulo León-Astorga-Benavente controlada por las tropas romanas, para acampar al lado del río Esla, alejándose notablemente de los objetivos perseguidos (los tres campamentos romanos), Esto es lo que tendría que haber ocurrido de aceptar la identificación tradicional Astura-Esla , Lo más lógico, a mi entender, es que uno de los tres cuerpos astures se instalara en un punto del tramo medio-alto del Órbigo (posiblemente próximo a la desembocadura del Omaña, que podría considerarse su prolongación por el Norte) para atacar el campamento de León, otro en el tramo medio a la altura de Astorga para enfrentarse a este campamento y el tercero en la zona baja, próximo al encuentro con el Esla para ocuparse del de Rosinos (¿Ocupado por la Legio V Alaude?). Según esto, lógicamente, el Astura sería el Orbigo.

Con este planteamiento no cuadra desde luego la situación tradicional de Lancia al lado del Esla (Villasabariego-Mansilla de las Mulas). Sin embargo, esta ubicación, como la de casi todos los lugares de las guerras cántabras citados en las fuentes no cuenta con argumentos definitivos a su favor, a falta de futuras excavaciones arqueológicas. Desde luego, no con muchos más que otras posibles ubicaciones como la del castro de Las Labradas (Arrabalde. Ver mapa . La situación de Lancia en Arrabalde encajaría perfectamente en la descripción de los acontecimientos que estamos proponiendo, dado que es el asentamiento mayor de la zona astur a la que nos venimos refriendo (“la principal ciudad astur”, dice Dion Casio), está al lado del Órbigo, su situación estratégica es excepcional, dominando tres valles (Tera-Vidriales, Eria y Órbigo), esta cerca de la actual Benavente (el territorio que se ha venido identificando como el de los Brigecinos a los que se refieren las fuentes y que avisaron al general encargado del frente astur, Carisio, frustrando la operación) y podría haber acogido perfectamente al ejército astur en retirada siguiendo el valle del Órbigo.

Falta por tocar otro aspecto: el del nombre Astura. No parece posible que otro río distinto del Órbigo o del Esla pudiera identificarse con esta histórica corriente de agua. Primero porque son los dos más grandes en la zona que nos ocupa (y es evidente que tal como se plantean los acontecimientos tendría que ser un río grande) y segundo porque no se han planteado otros por los numerosos investigadores que han estudiado el tema.

Si consideramos los nombres documentados en el pasado y los que tienen en el presente podríamos analizar la posibilidad de que alguno de ellos fuese el resultado de una evolución del vocablo Astura.

En cuanto al Esla, es citado en las fuentes medievales antiguas como Estora, Estula, Istula, Istola, Estola, Extula, Stola, Estla . Hay dudas respecto a la posibilidad de que la forma antigua Astura haya podido derivar en la de Esla pasando por las formas citadas. Aunque parece posible sigue sin explicarse convincentemente el porqué en nombres similares de la misma región no se han producido los mismos o parecidos cambios: Asturica- Astorga, Asturia-Asturias, Astura (arroyo de Lastres, Asturias)-Astuera. Además los hidrónimos suelen sufrir pocas variaciones en el tiempo, cosa que se comprueba fácilmente en la zona en la que nos hallamos.

En cuanto al vocablo Órbigo no se plantean dudas respecto a la imposibilidad de la evolución Astura-Urbicus (forma documentada en el medievo)-Órbigo.

Vemos pues que desde el punto de vista etimológico sólo parece factible la identificación Astura-Esla. Sin embargo existe la posibilidad, desde mi punto de vista, de que la forma Astura (para denomina al Esla o al Órbigo) no fuese utilizada nunca por los pobladores de la zona, si es, como parece, un nombre traído por los romanos (lo mismo que el de Lancia) tal como se apuntó más arriba, Las fuentes más antiguas hablan, efectivamente del río Astura (hasta San Isidoro) pero todas toman posiblemente los mismos modelos originales (Tito Livio y, probablemente, la autobiografía de Augusto, entre otros), No son documentos válidos para reflejar los topónimos que los propios habitantes del territorio utilizaban. Para ello hay que esperar a la documentación medieval y en ella no encontramos ningún Astura. En consecuencia, es perfectamente posible que el río que nos ocupa sólo fuese llamado Astura en determinados ámbitos (historiadores y escritores) y durante los primeros siglos de nuestra era. Después esta denominación puede perderse y empezar a ser citado en los documentos posteriores con el nombre “autóctono”. Por ello, el análisis etimológico, no apoyarla ni contradeciría ninguna de las dos opciones; ni la del Esla, ni la más probable en mi opinión: la del Órbigo.