La sierra de la Peña de Francia

Es éste un conjunto de valles de rica vegetación situado al sur de la provincia de Salamanca, que linda con la provincia de Cáceres y las Batuecas, limitado al norte por la sierra de Tamames y al este por el río Alagón, afluente del Tajo.
Las construcciones de la zona presentan la característica de tener los muros altos de entramado de madera entre la que se sitúa como relleno un mampuesto de piedra pequeña y, en algunos casos, adobe. Las cubiertas son siempre de teja. La madera es esencial en estos edificios y la más común es el castaño, aunque para algunas partes de los edificios se prefiere la madera de roble, igualmente muy abundante en la comarca.
Al tratar de la casa de la Sierra de la Peña de Francia o de la «casa albercana», como también se la conoce, es imprescindible referirse al trabajo que Lorenzo González Iglesias publicó en el año 1945 (reeditado en 1982) y que todavía sigue siendo, como señala L. Feduchi, «primordial» para el conocimiento de este tipo de edificios.

La cocina se sitúa generalmente en la planta superior y es la pieza más característica de este tipo de construcción, L. González Iglesias la describe así:
El techo de la cocina es diáfano, simplemente cruzado por varias vigas, donde apoyan los bastidores de madera llamados cachas, que tupen filas de listones llamados cintas. Estas cachas tienen por misión sustentar los montones de castañas que se almacenan en el sobrado. El humo del hogar sale por los intersicios de las cintas y atraviesa el montón de castañas secándolas.
El hogar es casi centrado en la cocina y sobre el cuelga el lar con su caldero de cobre para cocer las aguas y los forrajes.
El fuego se coloca en una losa de piedra de granito y, para obtener la fácil combustión de la leña, los maderos se apoyan, en su extremo que no arde, sobre una placa elevada de granito, inmediata al hogar, que lleva el nombre de tallizo. A uno y otro lado del hogar y junto al tallizo hay dos piedras cilíndricas que denominan tizneros y cuya misión actualmente se ha olvidado, pero acaso sirvieran de apoyo al asador y a los pucheros, pues tiene una cavidad cilíndrica en el remate.
Salvo la parte del hogar y tallizo, el suelo es de tierra apisonada.

En la última planta aparece la solana o corredor, balcón útil, que como señala L. González Iglesias sirve

Hoy los edificios a los que se refieren las descripciones anteriores han sido sometidos a reformas y modificaciones modernas, en algunos casos para adaptarlos a las comodidades y necesidades actuales, siendo la cocina la que más ha sufrido con la incorporación de las cocinas económicas y de gas. Otros cambios han supuesto, en algunos casos, distorsiones estéticas en los edificios, al sustituir la madera de las barandillas de las solanas por el hierro y al incorporar materiales extraños como el fibrocemento, el aluminio y las piezas cerámicas de serie, ladrillos y tejas industriales.
Territorialidad

Miranda del Castañar es la segunda población en interés en la calles, que en muchos casos impiden el paso de la luz y de los fríos, creándose pasadizos que comunican calles o protegen a las personas que por ellas transitan en momentos de lluvia; aparecen además escaleras exteriores y estrechas callejuelas en cuesta que comunican las calles principales. Junto a unas construcciones populares y algo rudas, con un tratamiento bastante escueto, aparecen otras con amplias ornamentaciones y casas blasonadas utilizadas de forma popular. Seguimos encontrando el vuelo escalonado de las plantas, tanto para ampliar la superficie de las habitaciones como para proteger al viandante de la lluvia; cada casa presenta una solución singular para resolver un encuentro, un vuelo, un cobertizo, una esquina, un pasadizo... Es una pena que en esta interesante población se hayan producido numerosas ruinas que la afean y producen una triste sensación de abandono.

En Mogarraz, para salvar los desniveles del terreno, que es algo más accidentado que en los anteriores, aparecen las escaleras exteriores como acceso a las viviendas, se ven soportales sustentados por pilares de piedra, con capiteles tallados, pareciendo, muchos de ellos, aprovechados de forma anárquica. Las galerías y balcones presentan, en algunos casos, barandales de hierro y los balcones aparecen sobre repisas de piedra.
San Martín del Castañar, situado en un alto, destaca por sus calles tortuosas y su amplia plaza en cuyo centro se encuentra una posterior. Por lo general toda la arquitectura es muy tosca, pero con una base de aprovechamiento de recursos muy fuerte. Hay interesantes galerías en las últimas plantas, algunas de ellas voladas.
Las escaleras exteriores y las calles tortuosas y muy pendientes son la característica de Cepeda, donde también hacen su aparición los pasadizos, los pasos volados, los rellenos de mampostería menuda y las solanas; en éstas no vimos los hornos de cuarto de esfera que cita L. Feduchi. Las Casas del Conde, además de mantener las mismas características de toda la comarca, destaca por sus interesantes recovecos y rincones, pasadizos y escaleras exteriores.
El Maíllo, situado en la cara norte de la sierra, está dominado por casas de dos plantas, con solanas en la segunda, que se cubren, por la prolongación del tejado, con barandales de madera o de hierro. En los muros medianeros aparece el adobe y, a veces, están recubiertos de teja. Es una arquitectura intermedia entre la vista en comarcas anteriores y la propia arquitectura albercana.

En las medianeras aparece la teja como material de protección, posiblemente por influencia de la cercana Sierra de Béjar y Candelario, en contra de la costumbre albercana del recubrimiento con tablazón.
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