Las Tierras del Pan y del Vino

"tierras ásperas y yermas, arenosas y pobres; el cultivo de los cereales en las tierras del pan alternaba con los viñedos antes de que la filoxera arrasara los campos a fin de siglo; hoy son tierras centenales y esteparias sobre los materiales sedimentarios de la cuenca, que son del terciario, mioceno y cuaternario; en su superficie aparecen arcillas rojas recubiertas por depósitos de cantos rodados".
Los materiales de las construcciones de estas tierras son diversos y suelen aparecer mezclados en los muros, abode, tapial, piedra y ladrillo. Al norte el adobe o tapial se asienta sobre la piedra o el ladrillo del zócalo, materiales que poco a poco van dominando la planta baja y hasta todo el edificio, a medida que se desciende hacia el sur. Como señala M. Inmaculada Jiménez,
"quizá el tipo de material utilizado para la construcción esté únicamente determinado por la economía familiar. Son muchas las viviendas en las que los muros que tienen revoco se construyen de adobe y tapial, y los que se dejan a la vista están construidos con sillares perfectos o con mampostería, en este último caso ventanas y puertas van rodeadas de sillares. Así pues, no es raro encontrar casas en las que sus muros tienen mezclas de todos los materiales".

Entre las primeras destacan las construcciones agrícolas con el patio o corral dominando el interior del conjunto de edificios que se levantan en su entorno. La vivienda tiene una sola planta y sobrado o a lo más dos, siendo en algunos casos la segunda planta una transformación del sobrado. La puerta suele estar algo remetida respecto a la línea de fachada creándose un porche o zaguán abierto, con un banco de piedra corrido, que en el verano permite estar a resguardo del sol y en el invierno protege de los vientos fríos. La puerta da paso a un amplio espacio o portalón que sirve para dejar las herramientas, las ropas del campo y enseres diversos; luego están los dormitorios, pequeños, y la cocina, además de la puerta de entrada al patio, o directamente a la cuadra cuando el patio no existe. Encima está el sobrado. Cuando la vivienda se divide en dos plantas, a la superior se desplazan los dormitorios.

La bodega está bajo las casas en la mayor parte de los edificios, asomando a la fachada los respiraderos, salvo excepciones, como El Perdigón, donde se agrupan a las afueras del pueblo. Los palomares se van reduciendo a medida que nos desplazamos hacia el sur, encontrándose, como en la Tierra de Campos, alrededor de los pueblos, construidos casi en su totalidad de barro, adobe y tapial. Los casetos de campo al igual que los abrevaderos y lavaderos públicos han ido quedando en desuso, lo que ha provocado su abandono y su ruina. Es lamentable su pérdida, aunque no su desuso, que habla de una mejora de la calidad de vida.
Territorialidad
En el conjunto de tierras llanas zamoranas que se extienden al sur de la Tierra de Campos y al este de la zona montañosa, las poblaciones son de un tamaño medio alto, por lo que en ellas encontramos, además de las casas agrícolas que ocupan, por lo general, la periferia, un núcleo central en el que domina mayoritariamente el comercio, lo que ha transformado esta parte de las villas, en zona más urbana que rural.
La capital de la parte oriental de la comarca es Toro, centro urbano y comercial lo que se aprecia claramente en la calle principal donde dominan los soportales que se levantan sobre columnas de piedra dotadas de capiteles y basas de tipo clásico y sobre ellas carreras con zapatas; las tres plantas que se sitúan encima van escalonándose hacia el exterior, volando cada una sobre la anterior, siguiendo la tradición morisca; la última planta es de menor altura. En los muros y algunos aleros encontramos un trabajo del ladrillo que nos habla de la influencia del arte mudéjar en esta tierra como se puede apreciar en los ábsides de algunas de sus iglesias. Los balcones, que fueron de madera, casi han desaparecido, siendo sustituidos por balaustres de forja o cuadradillo sobre ménsulas y palomillas de hierro, aunque alguno queda sobre la prolongación de las vigas del forjado.

En el sur de la provincia se sitúa Fuentesaúco, famosa por ser «buena tierra de garbanzos». Es una población claramente urbana en la que destaca la plaza mayor con sus soportales de piedra que sustentan una sola planta con balcón corrido con barandal de hierro. Dominan las casas de dos plantas en las que se mezcla el ladrillo y la piedra, que abunda en la construcción y aparece hasta en los edificios más sencillos. A las afueras de la población, en medio de los campos aún pueden verse algunos pozos con el abrevadero adosado, a pesar de que se van abandonando.

Otros pueblos como Venialbo, Muelas del Pan, Corrales, Gallegos del Pan o El Cubo de la Tierra del Vino conservan algunas construcciones interesantes de arquitectura popular, semejantes a las del resto de la comarca.
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